¡ALERTA!

Cuando los gobiernos, sin respetos a la tradición, a la costumbre ni al bien común, pretenden despojar a cualquier pueblo de una de sus principales fuentes de ingresos, arrebatarle lo que de tiempo inmemorial ha venido disfrutando pacíficamente como legítimo poseedor, este pueblo, debe, más aun, tiene la obligación sagrada e ineludible de protestar de tal despojo, de oponerse a tal arrebato y de no consentir con un silencio y una calma estoica, que se lleven a cabo actos que le perjudican en sus intereses.

Pues bien; de los tres montes que Guadix posee y que llevan los nombres de montes

Pinar, dehesa de la Caza y dehesa de los Cuartos, estos dos últimos, declarados enajenables y amagados de venta, poco tiempo ha, aunque salvados de ella casi milagrosamente, vuelven a ser anunciados a pública subasta para el día diez del próximo Abril.

De nuevo, ese hidrópico de ingresos llamado listado, ese monstruo apocalíptico de fauces insaciables llamado Gobierno; esa vorágine inmensa que en su fuerza centrípeta va absolviendo cuanto encuentra dentro de su esfera de acción llamada Hacienda; ese abismo sin fin donde se confunden y desaparecen las energías todas del pueblo trabajador y laborioso; ese océano donde afluyen todos los manantiales de riqueza de nuestra nación sin que jamás se vea colmado ni satisfecho; ese simoun que todo lo abrasa y aniquila; que mata la agricultura con sus impuestos escandalosos y progresivos, que mala la industria con su falta de protección y que mala en fin el comercio con susdesastrosos tratados internacionales, se propone ahora dejar a Guadix sin sus montes, adjudicándolos en pública subasta al postor que más la eleve.

Y, con sentimiento lo decimos, habrá de de conseguirlo; lo conseguirá, sí, porque nunca faltan egoísmos particulares que en su pro sacrifican el bien general, ambiciones desmedidas que todo lo quieren abarcar como el espacio, y fines rastreros que se antepongan a los más justos propósitos.

Sin embargo, Guadix debe oponerse con todas sus fuerzas a dicha enajenación, debe combatir con todas sus energías tal venta, porque se trata de un asunto de capitalísimo interés, de un acto de verdadera trascendencia en su porvenir económico.

Y para demostrar con argumentos incontestables, con pruebas palpables y evidentes, con razones que no dejen ni la más esfumada sombra de duda, hasta donde importa a Guadix que dicha venta no se efectué, consignamos a continuación los ingresos que estos montes han producido en la última subasta de sus productos.

El principal y más importante de éstos, es el esparto; y en la postrera subasta de él, verificada el 21 de Enero del 93 por un trienio, ascendió: la de la dehesa de los Cuartos, a 5400 pesetas y la de la dehesa de la Caza a otra cantidad mucho mayor.

Sigue en importancia al producto de los espartos, el de los pastos, cuya subasta por un año verificada el 6 de Diciembre del pasado ascendió a 1385 pesetas, la de la dehesa de la Caza y a 252 la de la de los Cuartos.

De las anteriores cantidades, exceptuando el 10 por 100 que percibe el Estado, el resto ingresa en las arcas municipales para subvenir a las atenciones del presupuesto local.

Y por último, hay otro producto de matas que, o se subasta como los anteriores, o se conceden de uso vecinal.

Que la venta de estos montes no se realice, importa, no solo al pueblo sí que también y muy principalmente al Municipio, porque continuando como siempre el capítulo de trastos, disminuye notablemente el de ingresos, sin que sospechemos nosotros que clase de milagros pudieran verificarse para con menos ingresos cubrir los mismos gastos: la lógica es inflexible.

Las ciencias económicas y hacendísticas, aconsejan, no se proceda a la venta de montes por el listado sino en casos excepcionales; es decir, cuando es de todo punto necesario allegar grandes cantidades en poco tiempo, bien para cubrir gastos de guerra, pagar indemnizaciones por igual concepto u otras causas semejantes.

Ahora bien: ¿sucede en España esto? Creemos que no a menos que nuestros ministros piensen indemnizar al Sultán por los sucesos de Melilla, y esto sería el colmo.

Concluimos pues con nuestra misión de dar la voz de alerta en lodo asunto que perjudique y concierna a nuestra localidad.

Excitamos a Guadix entero para que considere nuestras liberas indicaciones y bien prevenido no se deje sorprender ni alucinar, porque después sería terrible desencanto.

Nosotros nos hemos propuesto seguir en este asunto y permaneceremos hasta el último momento, hasta el supremo instante, defendiendo nuestras posiciones, parapetándonos en nuestras últimas trincheras combatiendo siempre, sino con la esperanza del triunfo, en el cumplimiento de nuestro deber.

AURELIANO DEL CASTILLO

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