Por J.MªMolas

 El 10 de diciembre se recuerda a nivel internacional  la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada en 1948. Fue una conquista histórica tras las dos guerras mundiales sufridas en Europa y el enfrentamiento militar en el océano Pacífico entre EEUU y Japón que dio lugar al terrible  lanzamiento de dos  bombas atómicas sobre  Hiroshima y Nagasaky.

La Declaración de los Derechos Humanos a lo largo de 30 artículos supuso un gran avance para la humanidad. Ha resultado una referencia obligada para todos los países miembros de las Naciones Unidas. En ese breve texto se recuerda algo tan elemental (artº 1º) como que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”.

Los derechos humanos deberían ser una norma básica y ejemplar en toda legislación de cualquier país, no solo una declaración teórica en las Constituciones. Deberían tenerse en cuenta por parte de los dirigentes políticos a la hora de programar sus actuaciones públicas y poner los medios reales para su aplicación y extensión a todos.

Desde su proclamación  los derechos humanos se han defendido en todo el mundo por algunos gobiernos, organizaciones no gubernamentales, y por activistas y dirigentes comprometidos con resultado desigual, pero en general su difusión e implantación se ha ido estableciendo de forma creciente.

En algunas constituciones sudamericanas además de los derechos humanos, se recoge una aportación propia de los indígenas, basada en el buen  vivir y buen convivir (Sumak kawsay); frente a la publicitada buena vida  que promociona a una minoría consumista en exceso que quiere vivir a toda costa y a costa de los demás, con un pensamiento fundamentalmente egoico y superficial.

En 1990, ante la preocupante problemática social, económica y ambiental, se debatió a lo largo de varios años y por  importantes responsables públicos una nueva convención que sirviera de referencia y diera criterios ante los nuevos problemas surgidos. Tras un amplio y participado debate a nivel mundial,  se aprobó en marzo del año 2000 en la sede de la Unesco la denominada Carta de la Tierra. La Carta de la Tierra, aun poco conocida, surge ante el momento crítico de la historia de la Tierra, dice su preámbulo, en el cual la humanidad debe elegir su futuro.  Añade, que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común.  Por ello hace una llamada a crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En sus primeros artículos, habla de respetar la tierra en toda su diversidad, construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas, y llama a asegurar que los frutos y la belleza de la tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.

Otro aspecto destacado de este documento que debería ser más y mejor difundido, nos habla que: ”Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más…Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global se encuentran estrechamente vinculados.

Cuestiones siempre de actualidad, que podemos recordar y que deberían ser objeto de  reflexión y diálogo constructivo  por parte de todos. Si escribía al principio que era el día diez cuando se celebra de forma especial este gran avance social, es claro que los derechos humanos deben ser respetados y reivindicados en todo momento. Como el espíritu de la Navidad que se aproxima, debería ser celebrada en muchas más ocasiones. No el despilfarro consumista que no es sostenible ni conveniente, pero sí el espíritu navideño que es un regalo para la familia humana, necesitada siempre de concordia y afecto.

 

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