Por Antonio Rodriguez

Don Germán Gamazo se vio envuelto en lo que el diario La Unión Republicana del 28 de

octubre de 1898 llama  “Proceso escandaloso contra un juez”, artículo en el que se reseña el juicio  por unas lindes en un cortijo de una extensión de 800 ha en Lugros, en la zona llamada El Mondralejo en  Hoyo del Monte, propiedad del político liberal, a la sazón ministro de Fomento, cuatro veces ministro durante la última década del siglo XIX y paradigma del origen tramposo de las grandes fortunas españolas.

El conflicto se remonta a catorce años antes, cuando el entonces dueño del cortijo, don Cándido Escribano, residente en Alcalá la Real, pidió un préstamo de 40.000 pesetas más intereses del 8%  al abogado de Madrid, avalado con el cortijo de su propiedad. Al no hacer frente a las cuotas comprometidas, el juzgado de La Latina de Madrid, ordena la devolución del préstamo a cargo del cortijo hipotecado.  El conflicto surge a la hora de fijar el valor de la finca y la cantidad debida, descontando lo saldado. El juez accitano, los dos alcaldes de Guadix implicados  (José Jiménez Vergara y José Cañas) y cinco funcionarios (apoderados, procuradores y concejales) se ven implicados en otro proceso al ser acusados de enviar a unos guardas y labradores a mover las lindes del cortijo. La mayoría de vecinos prefieren no oponerse al todopoderoso político (el conde de Sallent renuncia a reclamar 300 fanegas), pero no así el cuñado de Escribano, Gregorio Montañés, que se siente perjudicado en ocho hectáreas.

Del caso se hace eco toda la prensa española y Ángel Ganivet, cónsul entonces en Riga, se siente interesado porque era amigo de Cándido Escribano, con quien había coincidido varios veranos en el balneario de Frailes, aldea próxima a Alcalá la  Real, donde acudían las familias de ambos. Allí tuvo información directa del suceso, al que se refiere como “una amasijo”, “ropa sucia”, uno “de los manejos de don Germán”, al que llama bandolero, “un torquemada de la política, un bribón sin facetas”. Lamenta Ángel Ganivet que en unos momentos trascendentales como vive la nación (¡estamos en plena crisis del 98!) “vamos camino de marruequizarnos”,  todos los políticos  están pendientes  del interés propio, ajenos a la “comprensión de los destinos del país”.

La práctica usurera y caciquil de Gamazo no se limitó lógicamente a este caso de Lugros. Había hasta 34 diputados gamacistas (entre ellos el de Guadix, Antonio Marín de la Bárcena), amén de innumerables alcaldes y familiares distribuidos en la administración y en la justicia, que favorecían sus intereses particulares. Así adquirió valiosas fincas rústicas y rurales con las que amasó la que se consideraba la tercera fortuna de España.

 

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