Por Antonio Rodríguez

Las ciudades catedralicias como Guadix  tienen que soportar la presencia del clero en todas las actividades sociales. De ahí el mérito que hay que otorgar a los círculos republicanos de nuestra ciudad, esos que Pedro Antonio de Alarcón (republicano arrepentido) satiriza en la figura de don Trajano Pericles de Mirabel y Salmerón (El Niño de la bola) y que representan  dignamente, por su proyección nacional, el maestro don José Aguilera López y el abogado Leonardo Ortega Andrés. Tenemos además que mencionar a José Requena Espinar, si bien este, más indolente, pero no menos entusiasta republicano,  prefirió acomodarse a pasar su existencia ceñida a Guadix.

Leonardo Ortega Andrés es accitano de adopción.  Se instaló en Guadix en 1885 y residiría en la ciudad veinte años, derrochando energía y generosidad. Nacido en Bentarique, pertenecía a una  familia propietaria de varios complejos mineros en la zona del Andarax y la Alpujarra y muy influyente en la vida política de Almería desde la época del general Riego. Su padre era amigo de Prim y de Ruiz Zorrilla y su tío materno José Andrés es uno de los mártires liberales conocidos en Almería como “los coloraos”.

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Interesado en la minería de Guadix, compra unas explotaciones en Huéneja  e intentó atraer a una compañía inglesa para levantar unos altos hornos en el Marquesado. Además abre un despacho de abogado en Guadix y gana una reputación entre los medios republicanos de la ciudad. Espíritu radical y libre, dio muestras siempre de integridad y ni se arredraba ante nadie ni a nadie despreciaba.

Por intermediar en la disputa del padre Poveda y don Andrés Manjón, tuvo que soportar las insidias y el sarcasmo del burgalés, que pone en duda su integridad moral por el hecho de no tener hijos (¡!).

Se casa con la accitana María de las Mercedes Villavicencio Gea y participa en la vida cultural y política de la ciudad. Colaboró en la constitución del Colegio de Abogados de Guadix, y representó al Liceo de Guadix en el homenaje que Granada ofreció a Zorrilla en 1889 en la Alhambra. En 1895 fallece su esposa y, sin abandonar sus negocios accitanos, dedica su actividad política a Granada en donde se convierte en indiscutido líder de los republicanos de la provincia y llega a ser diputado en el Congreso en 1903.

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Casado con Pilar Llano, se traslada a Madrid, y tiene a su único hijo, Manuel.  Elegido presidente de la Unión Republicana, protagonizó dos sonadas campañas electorales, en donde fue víctima de dos  pucherazos escandalosos a manos de los caciques granadinos Lachica y Rodríguez-Acosta, y, aunque le ofrecen un puesto en el Senado a cambio de su renuncia, no acepta, y muere en 1926 en la indigencia, después de que Lerroux consiguiera para él una pequeña pensión del ayuntamiento madrileño.

Quienes le conocieron celebran de él su generosidad y su desprendimiento, “todos cuantos a él han recurrido, han encontrado un amigo cariñoso y leal, servicial y diligente. Si más no ha hecho, es porque más no ha podido; pero no por falta de actividad, ni de buen deseo, nota que le caracteriza y le suma muchas y merecidas simpatías”. Perdió cuanto tuvo feliz y orgulloso por procurar sus ideales, víctima de la ley inexorable que hace irreconciliables los ideales quijotescos y el dinero.

 

 

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