Por Antonio Rodríguez

José Requena Espinar, como todos los inviernos, se trasladó de Granada a Guadix en el galerón de Gregorio Martínez, apodado el Tocino, que hacía el viaje en veinticuatro horas, de once a once de la noche, en un coche tirado por seis mulas, sin ningún  relevo, y sin más descanso que una hora para comer en el Molinillo.  Era “un mal camino  de herradura, convertido después en un mucho peor camino carretero”, bacheado, sin puentes sobre el Darro y el Fardes, que salvaban por cuestas escalonadas. Iba acompañado de los otros estudiantes paisanos suyos. Al llegar a Guadix los esperaban  los criados y familiares, que celebraban los regalos que les traían los estudiantes: zambombas, panderetas y chicharras con cascabeles, y  los acompañaban a sus domicilios ayudados por linternas en una ciudad que todavía no disfrutaba de ninguna clase de alumbrado público.

El día 28, pasadas las fiestas familiares, los amigos estudiantes se reunieron en casa de Ángel Sánchez Freila, en la calle San Miguel,  y organizaron una tuna para dar serenatas  el día 30. Esa noche fueron  disfrazados a recorrer  las casas de sus amigos, las de los señores Dávalos, Martos, Soler y Alarcón. Allí bromeaban, cantaban, bailaban y eran agasajados con dulces y licores.

En la plaza de los Álamos, en el interior de la casa del escribano don Pedro Alarcón, ocurrió un dramático incidente, al mezclarse con el grupo de amigos otros jóvenes enmascarados que se dirigieron a las chicas con modos soeces, y provocaron una reyerta que continuó en las escaleras de la casa y fuera, en la plaza, y se agravó al sacar algunos armas de fuego, lo que desencadenó  la muerte  del joven Manuel Sañudo y, posteriormente, de su novia Benita Toucedo.  En la novela “El Niño de la Bola” aparecen esas  pandillas de matones y barateros que atemorizan a la ciudad, de los que tenían fama los hermanos Roselli.

Este desgraciado suceso sume a Requena Espinar en una profunda depresión (dice literalmente que “aquel suceso impensado hirió las fibras más recónditas de nuestra alma”) que le hace interrumpir sus estudios y le retiene dos años en Guadix. No tenemos más información de los hechos, pero es posible que este confinamiento obedezca además  a algún tipo de sanción penal o académica. Ante esta situación “para matar el tedio que nos producían las largas noches de un invierno crudo e insoportable formamos una sociedad de familia”.

Requena dice que constituyeron  “una tertulia al amor de la lumbre” en la que recuerda a Torcuato Tarrago y Mateos, Pepe Ramírez de Aguilera, Gumersindo García Varela, Bernardo Requena y Gonzalo, Pedro Antonio de Alarcón,  José Rivas Pérez. De Granada vienen  frecuentemente Mariano Vázquez y José Soler de la Fuente. El grupo se llama sencillamente La Tertulia y en él es notable la presencia nutrida y activa de mujeres.

Pedro Antonio de Alarcón era el benjamín del grupo.  Sus biógrafos repiten siempre que tuvo que renunciar a seguir los estudios universitarios en Granada por las estrecheces económicas de la familia, lo que no resulta convincente, pues parece que los Alarcón disfrutaban de una situación económica acomodada.  Quizá el incidente reseñado pudo ser la causa oculta de su extraña reclusión en Guadix, lo mismo que hemos apuntado en el caso de Requena  Espinar.

 

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