Por Antonio Rodríguez

José Alhama Teba nació en Guadix, donde su padre tenía una sombrerería, el día 1 de noviembre de 1825. En 1846 se vio involucrado en la muerte de Juan Ortiz, por lo que sufrió cuatro años de cárcel (¿se trata del mismo rifirrafe ocurrido el mismo año en la casa de la familia Alarcón?). Al morir el padre, la familia se trasladó a Granada, donde instaló el negocio familiar en la calle Zacatín. Entonces José se acercó a la iglesia evangelista, se casó con la también accitana Piedad Montes y tuvo dos hijos.

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El día 5 de octubre de 1860 se produjo el registro de la casa de José Alhama Teba en el número 1 de la calle Zacatín, donde la familia tenía la sombrerería. Al verse sorprendido arrojó al río Genil la documentación que le comprometía con los protestantes, pero la policía pudo encontrar libros y folletos evangelistas y una cartera con la relación de los 180 seguidores de Granada y cartas comprometedoras de, entre otros, Francisco de Paula Ruet y de Francisco Matamoros, máximos exponentes del protestantismo español, que fueron detenidos el día 6 en Barcelona. Estos dos tenían que trasladarse a Granada y debían hacerlo a pie encadenados a una cuerda de presos si no podían pagar su traslado en tren y en galerna y de la pareja de guardias civiles que los escoltaban por lo que se abrió una suscripción pública en Europa. Comenzaba el proceso español que más resonancia internacional tendría a  lo largo del siglo XIX, pues los países protestantes salieron en defensa de las víctimas de un abuso judicial.

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Numerosos observadores  extranjeros visitaron  a José Alhama en su celda para interesarse  por las condiciones de la prisión; el diputado lord Arthur Kinnaird  (no confundir con su hijo, practicante pionero del fútbol y famoso por fundar la FIFA y presidirla durante treinta y tres años) intervino ante la cámara de los Comunes el 14 de marzo de 1862 para solicitar la mediación de la corona inglesa ante la española; el periodista holandés Abraham Capadose denunció la  persecución del granadino en un libro traducido a tres idiomas (Herinneringen uit Spanje);  y los embajadores del Reino Unido, Francia, Países Bajos, Prusia, Baviera, Austria, Suiza  y Suecia se interesaron por su estado e intervinieron, con la mediación del bibliófilo Usoz y Río  ante la reina, el general O’Donnell y el duque de Montpensier para promover el indulto, pero un suceso inesperado vino a empeorar su situación.

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El día 1 de julio de 1861 se produce la revuelta de Loja liderada por Rafael Pérez del Álamo donde se repiten junto a las proclamas de ¡Viva la república! y ¡Muera la reina! se repite ¡Muera el Papa!, lo que hizo recaer en Alhama la sospecha de una participación en el levantamiento e incluso de haber aportado un suma importante  de dinero a la conspiración, por lo que fue aislado y torturado, pero el arrepentimiento del principal testigo, apellidado Espinosa, que intentó suicidarse dos veces, y su retracción, hizo que se absolviera al accitano de esta intervención.

Finalmente el 20 de mayo de 1863, merced a la presión internacional,  fue deportado a  Gibraltar. Como relata La Correspondencia de España viajó en diligencia a Málaga, donde fue aclamado por la multitud y desde allí, en barco, al Peñón, donde se instaló y continuó con su profesión de sombrerero. Tras la revolución del 68, al decretarse la libertad de cultos, fue indultado por el general Prim y regresó a Granada, donde pudo reanudar libremente su actividad como predicador; su propia tienda, en el número 44 del Zacatín, era templo

protestante. Su hijo, Manuel Alhama Montes, un dandy cosmopolita, educado en Gibraltar y Londres, fue periodista y afamado cronista de viajes.  José Alhama falleció en Granada el 5 de abril de 1892.

 

 

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