No puede asegurarse con certeza la importancia que pudo tener en los pasados tiempos.

Hoy lo forman dos barrios llamados Alto el uno y Bajo o de la Iglesia el otro.

Según refieren los ancianos—que son muy pocos—no ha mucho tiempo existían una veintena de habitantes que siempre estaban enfermos a causa de las fiebres intermitentes perniciosas cuya etiología fundaban los médicos en los miasmas palúdicos que se desarrollaban en la zona del río Fardes, el cual fecunda pequeña pero pintoresca y productiva vega de la insana aldea a que me refiero.

De seguro que en ella los arquitectos y albañiles se hubieran muerto de necesidad porque para nada hacen falta.

En el sitio que más le acomoda a cualquier ciudadano—con permiso de los amos del terreno—toma un pico y abre la cuaca que le ha de servir de vivienda pagando al propietario una gallina el día 13 de Diciembre, o más—según la extensión—como censo que hay impuesto por los propietarios desde inmemorial fecha.

Cinco o seis casas—además de la iglesia—son las que revelan allí que hay en el mundo otra clase de viviendas. Algunas de estas están unidas a un cerro en el que se socavan habitaciones para darles mayor amplitud.

La iglesia, hoy bien atendida, tiene unido a ella el cementerio que más bien es un criadero de malvas en reemplazo, y las Salas capitulares, están bajo la planicie del cerro Mácale, y es donde los ediles se reúnen cuando hay tiempo y lugar para disponer de los intereses del pueblo y administrarlos con tanto acierto, oportunidad, justicia y buena fe, que da gloria ver las luchas que median entre los entrantes y salientes; por cierto, que está por vez primera no salgan al final, como suegras y nueras, perros y gatos, según vulgarmente se asegura.

El presupuesto del pueblo tendrá demasiados gravámenes, puesto que aún no ha podido costear una Profesora de primera enseñanza para que, a lo menos enseñara las niñas a coser y medio deletrear, pues la verdad es que hoy las muchachas—aunque no sepan otra cosa—repiquetean las castañuelas de una manera admirable aunque ignoren como se zurcen unos calzones o se pega un botón: todo es progreso, y los cafés cantantes se hallan a la orden del día. Por fortuna en Fonelas se sabe que existen esos tan ilustrados centros por relaciones de los transeúntes que se exponen a que se les crea locos o embusteros. Si lo supieran, saldrían de aquí notables artistas.

La población es puramente agrícola y en la cuestión de trabajo—tanto mujeres como hombres—fuera del verano, perciben como jornal una peseta cuando más, al día, tres reales, dos y aún menos, pagados no en metálico la mayor parte de las veces, sino en especie de pan, aceite, maíz y otros artículos.

Corramos un velo que encubra, además de esto el caciquismo in… moral que allí se viene ejerciendo, como en la mayor parte de los pueblos, por los que hacen de los demás un lucrativo negocio para ellos y… más vale que nos ocupemos del principal objeto de este artículo y dejemos a un lado divagaciones que nada interesan a mis lectores.

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Desde hace sin número de años, los habitantes de Fonelas vienen encontrando sepulturas, bien por la casualidad o ya al hacer sus labores de campo, encontrando en ellas, además de huesos humanos, objetos que hacen creer que en dicho pueblo habitó una generación numerosa en tiempos más o menos remotos.

Como no dieron valor alguno a sus hallazgos, estos desaparecieron sirviendo de juguete a los muchachos, o fueron vendidos por algunos céntimos a los recoberos o vendedores ambulantes de quincalla que periódicamente vienen de Granada a Fonelas con sus variadas mercancías.

A primeros del último pasado Marzo oí que en el Barranco de las Palomas, había multitud de sepulturas, y decidí formar una expedición con objeto de averiguar lo que hubiera de verdad en este asunto, y así se efectuó.

Un día salí acompañado de don Francisco Ferrer Egea, don Juan López Fenoy y don Juan Serrano Cabrera, dirigiéndome al referido barranco que está situado a dos kilómetros de Fonelas en la parte izquierda del camino, que conduce desde Guadix a Linares.

Subimos por un no muy suave repecho hasta llegar debajo de la planicie que forma la prolongada cima del cerro.

El terreno es de piedra y su parte superior forma una especie de visera que pone las sepulturas al abrigo de la intemperie.

Unos de estos hoyos se hallan cubiertos por grandes losas, y los otros, casi a la superficie, solo tienen una capa de tierra siendo la anchura, en la mayor parte, así como de la profundidad de unos cincuenta centímetros y la longitud de dos a dos y medio metros próximamente.

En algunas, se encuentran tan solo los restos de un cadáver y en muchas de dos o tres, lo cual demuestra que, a veces, serviría la excavación para inhumar cenizas de toda una familia.

Pero, mejor es que vengan los lectores conmigo y les serviré de cicerone.

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Ya hemos salido de Fonelas y tomado por el camino) que conduce a Pedro Martinez.

A nuestra derecha se extiende la vega, cuyas siembras de color amarillento esperan tan solo la faena de los segadores.

Más allá, grandes alamedas que ponen valla a esa arteriola de la circulación terrestre llamada río Fardes, que lame con sus aguas los altos y pintorescos cerros de Álamos Negros, de Muro y de Almidar, a la izquierda las ramblas y monte de Peñas Blancas; al frente el gigante Mencal con extensa cordillera de montañas, y a nuestra espalda queda el blanco y enhiesto escalonamiento de Sierra Nevada cuyos altísimos titanes ostentan orgullosos la blancura de su melena expléndida y magestuosa.

Estamos cerca.

Subid por este repecho y comencemos la exploración.

Ya hemos llegado: mirad.

En estos huecos bajo la cresta del cerro -la cual es idéntica a la que veis allí, en el opuesto lado -fueron encontrados los sepulcros.

Vedlos:

Están tallados a cincel en la enorme cuanto dura piedra y a veces se encuentran dos o más unidos, habiendo una pequeña abertura de comunicación.

Mirad los humanos restos: unos están completamente petrificados, y otros se deshacen en menudo polvo al comprimirlos entre los dedos.

Casi en todos los escaloncillos que sirven a los cráneos de almohada, hallareis un pequeño cántaro, por lo regular de un asa, perfectamente conservados y el cual os hace recordar los que hemos admirado como objetos raros en algunos museos o visto en antiguos libros, especialmente en la Biblia,

Reparad que en todas las vertientes hay grandes masas de peñascos desprendidos de la sima a causa de algún fenómeno geológico, o poco a poco por efecto de grandes avenidas que lentamente fueron perforando el terreno.

En este lado de la derecha, el monte tiene continuados huecos que, a primera vista simulan arcos árabes parecidos a los que podemos admirar en la hermosa Granada. La naturaleza ha dado allí una prueba de Profesora Magna de cuantos artífices levantaran obras maravillosas.

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Hace calor.

Subamos a la fuente de La Artesilla y allí descansaremos.

¿Veis…?

La trasparente y fresca agua nace del risco y llena el ancho pilar que sus gotas y los siglos fueron modelando de una manera tan rara como caprichosa.

Fumemos . . .

En tanto que los cigarrillos aromáticos –por lo pestíferos- de la Tabacalera se van quemando, sentémonos junto a la antigua torrecilla morisca que hay sobre el tejar de Fonelas y en rededor de la cual se hallan también sepulcros; en las ruinas que existen en el Prado del Cuco donde se ven cimientos y se han encontrado curiosos objetos; en el Banco de los Caracoles, o sea en el Cortijo de la Rosa, cerca del cual se admira en el corazón de un cerro un filón -digámoslo así- de estos animales en completo estado fósil, y cuyo banco no mido menos de quince centímetro? de espesor y se interna en las más hondas profundidades.

Hemos visitado los barrancos de Xeque donde hay restos de murallones antiquísimos que debieron pertenecer á grandes fábricas, a juzgar por los hierros y cilindros de piedra hallados a más de otros significativos objetos.

Para terminar por hoy.

Como los lectores son tan amables que me acompañarán al Mencal en el número próximo, creo conveniente -contando de antemano con su beneplácito- suspender para el regreso las observaciones que se me ocurren acerca de lo que llevo reseñado.

MAXIMILIANO ARROYO

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