Los adelantos modernos de la industria, consecuencia lógica de los progresos científicos, han cambiado de modo tal la forma y carácter de la vida, que lo que no ha mucho era cosa fácil y hacedera, resulta hoy difícil, y por el contrario, lo imposible de ayer es en el día género corriente, hasta en las esferas de menos elementos.

El comercio en modestos límites y las industrias domésticas que tan eficaz ayuda prestaban en tiempo de nuestros padres al humilde hogar del laborioso obrero, se ven hoy imposibilitadas para desarrollarse por la avasalladora competencia de capitales fuertes y grandes centros de fabricación; quedando solo para el obrero el mísero salario más veces regateado que garantido. De aquí ese anhelo general y constante de asociarse para hacer frente a un estado, que no por ser lícito, deja de ser amargo.

Las sociedades cooperativas hoy tan generalizadas han existido en edades anteriores, si bien consagradas únicamente a fines religiosos; hoy ensanchan sus límites, y sin prescindir de aquellos sublimes ideales, procuran el acrecentamiento del peculio de cada uno de los asociados, al mismo tiempo que dan pasto abundante a la inteligencia con sus centros docentes y socorren cual madres solícitas a los desvalidos enfermos.

La honradísima clase obrera de Guadix comprendiendo la verdad de las anteriores líneas, ha querido constituir una sociedad, y la sociedad hoy exista. Tal es la fuerza de la constancia cuando se persigue un fin bueno y se lleva por guía la fé en el éxito.

La Sociedad Cooperativa Accitana, institución progresista en el sentido filosófico de la frase, no ha podido exceptuarse de la regla general a todas las entidades de su índole; apenas nacida, ya es combatída; es más, aún no había salido del período de gestación y ya tenía algunos detractores.

A desvanecer dudas, a corregir errores, tienden estas líneas, y heme aquí envidiando la severa dialéctica y arrebatadora elocuencia de los genios, con que quisiera llevar la persuasión a las inteligencias y la fé á los corazones para que triunfara la verdad con su esplendente traje de luz.

Hace algunos años que la idea de asociación ha venido acariciada por los obreros de Guadix. ¿Quién la emitió primero? No se sabe ni interesa para el caso. Tal vez el más humilde, el menos expansivo.

Ello es, que surgió y fue acogida con benevolencia al principio y después con entusiasmo. En la mente de todos ha estado flotando la idea por un lapso de tiempo, como flota la neblina en la atmósfera, esperando condensarse en menuda y beneficiosa lluvia, cuyas diamantinas gotas encerradas luego en la máquina de vapor han de desarrollar la fuerza impulsiva de la locomotora. En algunos periodos parecía olvidada, y no era así; era que dormía como duermen los gases en la nitroglicerina, esperando el momento de ponerse en libertad y con su fuerza quitar los obstáculos opuestos por las montañas a los derroteros del comercio.

Hará dos años, que reunidos varios amigos al amor de la lumbre, una de esas noches de invierno en que la tierra se cubría con blanco sudario y la pálida luna se eleva sobre el horizonte, sola y triste cual alma en pena, entre los diversos asuntos que fueron objeto de su conversación, ocupó como no podía menos de suceder, un lugar preferente la Sociedad cooperativa. En aquella familiar reunión tuvimos la satisfacción de encontrarnos mi hermano Pedro y yo. Convencidos tocios de la necesidad de asociarse, hubimos de convenir en que para llevar a cabo la obra era preciso, indispensable que tomase la iniciativa una persona de carácter y representación social, que por sus condiciones fuera inaccesible a las murmuraciones y recelos de la envidia y de la ambición. No nos fue difícil encontrar lo que buscábamos, porque afortunadamente en esta ciudad abundan las condiciones apetecidas. Acordamos que mi hermano Pedro se entendiera con el señor Registrador de. la Propiedad don Gabriel López Arcos, y yo con el Sr. don Benito Minagorre. No fue poco el trabajo que nos costó vencer la modestia de estos señores, que si bien aplaudían el pensamiento y ofrecían su cooperación, se resistían a aparecer como jefes de la entonces proyectada sociedad.

Por fin llegó un día en que nos reunimos en el «Circulo de la Amistad» y acordamos que una comisión compuesta de los Sres. López Arcos, Minagorre y mi humilde persona confeccionase un proyecto de estatutos, trabajo que al fin fue desempeñado solo por el citado don Benito Minagorre, por impedírnoslo nuestras ocupaciones al Sr. López y a mi.

En el mes de Abril último se convocó nueva reunión para discutir el reglamento, y como por motivos involuntarios no llegara, a efectuarse, se entibió algún tanto la fé de algunos dando lugar a que EL ACCITANO preguntase si había quedado en agua de cerraja. ¡Cuán equivocados estaban los que nos querían procesar sin delito y condenar sin oírnos..!

El día 17 de Julio en una magna junta fueron aprobados los estatutos con algunas ligeras variantes, y desde esta fecha la Sociedad Cooperativa Accitana tiene vida real y se robustece de día en día con nuevos elementos de gran valer que acuden atraídos por la virtualidad de sus fines, de aquí la historia. Sépalo Guadix, sépalo el mundo civilizado: nos proponemos reunir con nuestras privaciones y ahorros todos los fondos que podamos, y con ellos atender a nuestras necesidades; emprender cuantas negociaciones estén a nuestro alcance y sean de licito comercio; establecer una escuela, donde nosotros y nuestros hijos nos podamos instruir y educar; lo que aisladamente no pudiéramos conseguir.

Esto es hacer la competencia a la ignorancia con nuestro centro docente, a la holganza, exigiendo para el ingreso en la Sociedad acreditada honradez y profesión u oficio conocido, y a la usura con nuestro préstamo al interés do un 12 por % mensual.

No falta quien diga que para conseguir todo esto se necesita un capital que no es posible reunir en esta ciudad. Nada más lejos de la verdad. El Salvador del mundo lo dijo: «Llamad, y seréis oídos, pedid y os será dado.

Generosos capitalistas de Guadix: venid y juntad una pequeña parte de vuestra pingüe fortuna con las pesetas de la humilde sirvienta y de la siempre triste y llorosa viuda del obrero, madre de numerosa prole.

Laboriosos y económicos comerciantes: contribuid con vuestro grano de arena a la coronación de esta obra; venid a ilustrarnos con vuestros conocimientos en el desarrollo de los negocios.

Probos y sabios jurisconsultos: practicad las obras de misericordia, enseñándonos a defender nuestros intereses de las malévolas acechanzas de nuestros enemigos.

Virtuosos y científicos ministros del Altar: venid a guiarnos por la senda de la más pura moral, y todos unidos en el más estrecho abrazo entonemos un himno de gracias al Dios de las misericordias…Uníos todos y ayudadnos a desarrollar nuestro programa basado en la fe, la honradez, la economía, la obediencia a las leyes y el amor al trabajo.

A.CASCALES.

Vaya una acequia.- La de la Ciudad, que corre por bajo de la calle de San Torcuato, una de las más importantes por ser la de entrada de esta población, está en descubierto en la parte que desemboca en los cubos del molino que en la misma existe. Precisamente en esto sitio hay una compuerta que desvía en ciertos días las aguas del mismo para que se dirijan a regar las huertas: cuando esto acontece, sube el agua en términos tales, que muchas veces se desborda y va la calle abajo, que se convierte en abundante arroyo. Ahora bien: ¿No sería conveniente cubrir ese trozo de acequia? ¿No podría obligarse a ello al dueño del molino, y caso de no estar constituido de tal deber, precederse a la obra por cuenta del pueblo? Verdaderamente, además de lo expuesto, aquello descubierto en un sitio tan público, donde juegan tantos pequeñuelos, es un peligro constante que debe desaparecer, y sobre ser útil, mejoraría el modo de ser de la citada calle, y daría mejor idea de nuestros administradores.

Limpieza.– En casi todos los pueblos medianamente cultos se procura con esmero su aseo, habiéndose creado servicios que al mismo se dediquen. Con esto no solo gana el aspecto de ellos, sino la salud de sus habitantes. Nuestra ciudad carece de semejante servicio, pues si bien es cierto que algunos individuos recogen la basura por cuenta propia, tienen buen cuidado de dejar en medio de la calle aquello que no les aprovecha. Sería conveniente que el Municipio fijase su atención en ello y se procediese a crear servicio tan recomendable, siendo preciso muy poco personal y pequeños salarios, toda, voz que las basuras podrían cederse a los mismos empleados o contratista si le hubiere.

Deja un comentario