JARDIN O ARRECIFE

Sucedió, que antes de la llegada del año de 1868, en el que en nuestra nación vino al suelo todo lo viejo no para no volver a Alzarse más como la revolución dijo en todos los tonos y en los idiomas todos, sino para revivir con más bríos si se quiere, el Ayuntamiento moderado de esta población ordenó y mandó, poner un jardín en la plazuela del Conde-luque prescripción que se cumplió al pié de la letra, y al cabo de algunos años los álamos blancos y sauces que se plantaron como ornamento, vallas y divisiones de los cuadros donde crecían las flores, formaron un bosque espeso y elevado, que sirvió:

De día:

Para recrear la vista de los transeúntes y de los vecinos, y para entorpecer las vistas de los balcones y ventanas do se asomaban los que allí tenían sus viviendas y querían oler lo que sucedía en la casa de él ó de la prójima de enfrente, razón que les hacía mandar al diablo al jardín y sus inventores.

De noche:

Para ser asilo de los amantes pecaminosos en sus frecuentes citas, en las que se decía no salía muy bien librado monseñor pudor y madame honestidad.

Uno de aquellos domiciliados a quien no hacía gracia aquel paraíso, se prometió y prometió a quien quiso ser partícipe de la promesa, que aquello desaparecería tan luego entrasen los de la unión liberal, a cuyos individuos con ese amor político que está encarnado en las dos terceras partes de los ciudadanos españoles, llamaba suyos, lo que se cumplió al pié de la letra: llegó el día en que cayeron los moderados y se levantaron los unionistas y el jardín condenado a muerte fue ejecutado por vigorosas manos armadas de cortantes hachas y aquello quedó reducido a ser una plaza grande y desairada cual era antes, y así permaneció hasta tanto se plantaron unos castaños americanos que ya hacen pinitos.

Es lástima, que los municipios no hayan pensado en mejorar aquel paraje, que se presta, dado su gran espacio a ser lugar ameno y de esparcimiento y a embellecer el barrio donde se sitúa.

Vemos todos los días, que aun en poblaciones más insignificantes que esta, no solo se estudian los arduos problemas de la administración y del quítate tú para que me coloque yo, sino que se procura el fomento material, estímulo que alcanza a las particulares individualidades que procuran pasar la vida lo mejor que pueden, atrayéndose comodidades compatibles con su posición metálica.

Pues bien, siguiendo tal principio ¿porqué no se arregla esa plazuela que con cuatro acacias y cuatro faroles estaría la obra relativamente perfecta,—no se nos vaya a tachar de cierta cosa—o se pone un jardín de flores y arbustos al uso y gusto moderno?.

Ello es de insignificante coste, teniendo como tiene aquel paraje agua de paso para el riego de algunos huertos cercanos.

Téngase presente que el mejor factor para llevar adelante toda innovación es la voluntad, que el que quiere, puede; que el jardín que proponemos no ofrece ni de día ni de noche las dificultades que el antiguo, no pudiendo por ello crearse odios, enemistades y siniestros deseos; y que si se optase por el arrecife, sería un plano liso y sin entorpecimientos ni para absolutistas, ni para liberales, ni para vecinos, ni para transeúntes y hermosearía la plaza notablemente.

¿Seremos nosotros los que vean implantada tal reforma o serán los hijos de nuestros hijos?

El tiempo nos lo hará comprender que para todo se necesita lo que mucho escasea en los tesoros municipales. ¡Dinero!

GARCI-TORRES.

LAS FIESTAS DE SANTA ANA

Al visitar en la noche del Martes último la plazuela que lleva el nombre de santa tan esclarecida y en la que sitúa la iglesia que esta ciudad le consagra, quedamos agradablemente sorprendidos; la fachada de esta aparecía iluminada a la veneciana con profusión de faroles formando caprichosos grupos, y la gigante torre participaba de ella ostentando allá en el campanario una bandera azul y blanca con este lema: Viva santa Ana nuestra protectora. La banda de música que dirige don Santiago Salvador Medialdea, amenizó la velada que resultó lucida, habiendo asistido numerosa concurrencia que permaneció bastante avanzada.

La hermosura de la noche fue un atractivo que convidaba a permanecer en aquel lugar, gozando de un fresco que después de los calores del día deleitaba sobremanera.

El siguiente a las diez y media de la mañana, tuvo lugar la función de iglesia que gustó mucho a los innumerables fieles que a la misma asistieron.

El templo estaba profusamente iluminado; las bandas de colores, las rojas colgaduras, las flores de múltiples matices, las arañas, los espejos, el altar portátil donde bajo manto real se expuso a santa Ana. el incienso, la música sagrada, todo daba al espectáculo un sabor religioso tan marcado que el espíritu y la fantasía se recreaban admirando las grandezas del Hacedor y de su religión.

Ofició el canónigo don Antonio Ortiz Fernández, asistido de los presbíteros don Rafael Navarrete y don Antonio Garcia Muñoz, y la oración sagrada estuvo a cargo del párroco don José Aniceto Fajardo, joven virtuoso y sabio sacerdote, que con su fácil palabra cautivó al auditorio: fue digna de su justa fama y tuvo periodos verdaderamente hermosos, especialmente en el que comparó la honra recibida por santa elegida por Dios madre de la mancilla, con las horas terrenales y otra en que narró lo acontecido el año último al exponer aquella a la contemplación del Sr. Martínez Merino que  no tenía esperanzas de saciar tanto este como el auditorio que era escogido y mucho se conmovieron y tributaron plácemes al orador.

Asistieron a la solemnidad el señor Gobernador Eclesiástico don Juan Gallardo, los párrocos de san Miguel y Santiago y varios señores coadjutores, la fiesta termino a las doce y media.

Con bastante lucimiento se llevó a término la procesión que salió de la parroquia a las seis de la tarde, concluyendo cerca de las nueve de la noche: fue acompañada por varios invitados; le dió gran realce la asistencia de la capilla y banda municipal y recorrió la calle Larga, eras de santa Ana, calles del mismo nombre, de san Francisco, Nueva, Ancha, plazuela de Santiago a este templo donde permaneció leves momentos mientras las monjas, entonaron un precioso motete en honor de la santa, calles de Santiago, de san José de santa Ana al punto de partida.

El gentío fue inmenso y el comercio cerró sus establecimientos.

Nuestra enhorabuena al médico señor Martínez Merino que ha visto goza en esta población generales simpadas, ha demostrado que la ciencia no es incompatible con la fe religiosa y que no pertenece a la escuela de aquellos que después de haber aprendido que el alma es inmaterial dicen que esta no existe en el hombre, fundados en que no la han encontrado en el cuerpo humano, ni tropezado con ella con sus bisturís y gracias repetidas por los obsequios de que por su parte fuimos objeto, pues hubo verdadero derroche de dulces, vinos, pastas, bebidas refrigerantes y habanos.

Al Sr. Fajardo por su escogido sermón y a los adornistas de la iglesia D. Rafael Rodríguez García y su hijo don Francisco que desplegaron en el extraordinario buen gusto.

Concluimos enviando nuestros parabienes a la virtuosa madre del Sr. Merino que recorrió el mismo trayecto que la procesión delante de la efigie de Santa Ana, descalza y con una vela, dando pruebas de su agradecimiento a ella y demostrando que no hay sacrificio que no arrastre el cariño maternal.

JOSÉ Mª

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