LEYENDAS ASIÁTICAS

Vivía en un desierto un pájaro de dos picos, el cual se recreaba un día, comiéndoles deliciosos frutos de un manzano al cual se había encaramado.

Mientras comía con un pico las doradas manzanas, se quejaba el otro, con celos de que no le dejaba ni un momento comer a su vez y deleitarse con tan sabrosa fruta. El pico que trabajaba contestó al que estaba ocioso: ¿porqué te quejas y qué te importa que sea yo o que seas tú el que comamos las manzanas, puesto que los dos participamos del mismo estómago y del mismo vientre?. Irritado el pico ocioso de que el otro no le dejase ni un momento para comer, porque no cesaba de hacerlo él resolvió vengarse cuanto antes de su glotonería. Creyó el cuitado no poderlo hacer mejor que tragando un grano de un arbusto que tenia al lado y que según él sabía era un veneno de los más activos. Así lo hizo, lo tragó y el pájaro murió.

Asi sucedió, y la desunión de los dos picos, ocasionó la ruina y muerte del pobre pájaro. En todas partes donde reina la discordia, se deben esperar toda clase de desgracias.

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Un charmana que pasaba las noches entonando cánticos, demostró un día por su voz melancólica, gran abatimiento y deseo de apartarse y dejar su ocupación o ministerio. Budda ordenó que lo llevasen a su presencia y le dijo: «¿qué. hacías cuando estabas en tu familia? — Tocaba incesantemente la guitarra… » Budda le preguntó de nuevo «y si las cuerdas de la guitarra se rompían, ¿qué sucedía? –que no obtenía sonido alguno.

¿Y si estaban demasiado tirantes?—No eran buenos los sonidos. —¿Y cuándo las cuerdas tenían un justo equilibrio de tensión y de soltura? — Todos los sonidos acordaban en perfecta armonía— Budda pronunció entonces estas palabras: Igual es el estudio de la doctrina. Cuando hayas llegado a dominar tu corazón y arreglado todos sus movimientos con medida y armonía acabará por adquirir la verdad.

EN EL CAMPO

El pasado lunes asistimos a la inauguración de la magnífica cueva que en el cerro que domina a la explanada de la Estación ha abierto don Juan Pedro de Casas. Las personas invitadas fueron tantas, que harían interminable la lista de sus nombres por lo cual nos abstenemos de expresarla. Solo sí, diremos, que el cuadro formado por la concurrencia en la plazoleta de la cueva, bailando unos, corriendo otros hablando aquellos gritando, los demás allá y todos alegres y regocijados, no podía ser más agradable ni pintoresco. Nosotros al contemplar dicho cuadro animado por una música adecuada a la fiesta y en una tarde espléndida y tranquila recordamos los merenderos en Madrid, o los ventorrillos del camino de Huetor en Granada, con la natural diferencia de ser la fiesta a que nos referimos de invitación y particular. Cuantos tuvimos el gusto de asistir, quedamos altamente complacidos tanto del recreo, cuanto de la delicadeza y finura de dicho señor don Juan Pedro de Casas a quien sinceramente felicitamos por el buen gusto demostrado en su organización.

BABILONIA

Existe una cochera apegada a un ángulo del Colegio Eclesiastico, frente por frente de la Catedral; no tiene más que un piso, pero su terrazaes deliciosa. Ignoramos quien sea su dueño; pero sin conocerle, besando su mano y con todos los respetos y consideraciones debidas, le suplicamos que no la reforme ni mucho ni poco, para no privar a los habitantes de esta ciudad de la bella y deliciosa perspectiva que ofrece a todos los que pasan y cruzan por indicado sitio, parándose delante de ella a admirar el bosque, parterre adornado, jardín o lo que sea, que espeso y lozano y lleno de vigor encanta a sus admiradores, recordando los atrevidos oasis aéreos de la Babilonia de Semiramis. Los monumentos históricos deben ser respetados por las actuales generaciones.

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