Apenas amaneció el día 17, consagrado por la Iglesia a celebrar la memoria y virtudes de San Antonio Abad, santo que sufrió con heroico valor las tentaciones de satanás, que formó serio empeño en conquistar para si su blanca alma, mostrando al varón intrépido los halagos y concupiscencias de la carne bajo sus múltiples aspectos y en todas sus formas, cuando se personaron en las eras que cercan su ermita los vendedores ambulantes de dulces, frutas y chucherías; los devotos de aquel y los aficionados a ver los toros que temprano y en grandes grupos can por el agua bendita; y allí, los unos y los otros satisficieron sus caprichos, tomando además su correspondiente copita de anisado, néctar consolador de sus vacíos estómagos, y estimulante además del apetito menos dispuesto a hacer los honores al desayuno.

A las diez de la mañana cambió aquello de aspecto y donde no se vieron sino animales al natural conducidos por somnolientos gañanes, empezaron a aparecer toros engalanados con frontiles y banderas, hechas con pañuelos de seda de colores, proporcionados por las novias de los dueños de aquellos, y conducidos a brazo cada cual por tres jóvenes más o menos robustos, que cogidos a los cuernos y a la cola, los llevan a la ermita con el fin de obtener el agua bendita, que les ha de librar de todo mal; no sin hacerse ellos alguno, merced a las caídas que suelen dar al ser arrastrados en muchas ocasiones por sus cernúpetos conducidos.

A las once tuvo efecto la función de iglesia y la procesión en la que el Santo ostentó sus floridas andas, y los cofrades su devoción a tan gran abad.

Por la tarde tocó su vez a las mulas y caballos que aparecieron engalanados también, y montados por bizarros jóvenes unos, y por hombres duros otros; aquellas puestas que se hacían sobre cual era más corredor, se acabaron desde que las perras chicas y grandes escasean, y se limitaron los jinetes a dar las nueve vueltas y proporcionar a sus bestias el agua consabida.

Como la tarde fue más que mala, pues tuvo los honores de pésima, se vieron pocas señoritas por aquellos sitios; semejándose las que se atrevieron a salir, a estrellas fugaces por lo pronto que desaparecieron.

Quedaron muchas por lo tanto, en la casa con sus trajes flamantes, sus sombreros y sus indispensables quitasoles, (preparados de antemano) esperando mejor ocasión, lo que fue gran lástima, puesto que el día de San Antón es uno de aquellos en los que en esta población hay más que lucir y más que admirar al bello sexo. Los pollos por consiguiente, tristes, inconsolables, casi llorosos.

Entre dos luces, crecieron de punto las turcas y pítimas; que en este día tiene Baco muchos prosélitos y adoradores.

A última hora se retiraban los romeros renegando del día, y esperando que el año venidero ser a más complaciente y les dejará gozar de las delicias escatimadas por éste.

GARCI-TORRES.

Curiosidades.- El calendario las tiene poco conocidas, y he aquí algunas de ellas.

Ningún siglo puede comenzar en Miércoles, Viernes, ni Sábado.

El mes de Octubre principia siempre en el mismo día que Julio; Diciembre en el mismo que Setiembre-Febrero, Marzo y Noviembre, comienzan en el mismo día de semana

Mientras que Mayo, Junio y Agosto principian en días distintos entre sí y distintos entre los demás meses del año.

Estas reglas no tienen aplicación en los años bisiestos.

El año ordinario acaba siempre en el mismo día de semana con que principió.

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