Cinco minutos habían trascurrido de la madrugada del lunes último, cuando una fuerte detonación introdujo el espanto en los tranquilos hogares de este pacifico vecindario. Nosotros, que nos encontrábamos en el Liceo a indicada hora, creímos que se había desprendido un cielo raso de los techos de su segundo piso. Hubo vecinos que se despertaron sobresaltados creyendo que era un terremoto; pues cuentan que sus lechos se elevaron en el momento de la explosión, no tranquila y suavemente, como barcos en mar de leva, sino con un brusco movimiento de ascensión, y trepidando como sucede en aquellos aterradores fenómenos sísmicos. Las autoridades, tanto las civiles como las judiciales se lanzaron a la calle casi en ropas menores; los serenos corrían de un lado para otro, la policía en masa buscaba por todas partes, y quienes decían que era un tiro, otros que eran cohetes de los que con frecuencia estallan en los aires, cuando llegan días en que se espera que cambie la situación política; cohetes de tal magnitud, que ni el trueno retumba en el espacio, en horas de tempestad, como retumban ellos, encargados ad hoc para molestar a todo el mundo, menos a los que les arriman la incendiaria mecha.

Por fin, todas estas averiguaciones fueron a confluir en la casa del Alcalde, don Felipe Minagorre donde el petardo había producido sus efectos, arrancando un tablero de la puerta primera de su establecimiento, haciendo también trizas los cristales de los balcones de la casa de enfrente, y rebajando el piso de la acera en el sitio en que tuvo lugar la explosión, dando por resultado tales averiguaciones la creencia de que la dinamita había entrado en la confección de la máquina destructora, y la prisión en la misma noche de varios sujetos a quienes señalaba la pública opinión como autores presuntos del atentado. Es la primera vez que la dinamita ha tomado cartas de naturaleza en nuestro país, para ser aplicada a tan criminales hechos. Las autoridades no deben dormirse en este asunto, y por cuantos medios están al alcance de la mano de la justicia, proceder con entereza y sin descanso, hasta que la luz se haga; de otro modo pudiera llegar el día en que tuviera que establecerse necesaria y dolorosamente la ley del Linch; la sociedad tío debo de ninguna manera estar a merced de hombres, que de todo tendrán; pero es seguro que NO poseen ni corazón ni conciencia. Dice El Popular que no se ha dado aquí importancia al suceso, suponiendo, decimos nosotros, que don Felipe Minagorre ha colocado el petardo en la puerta de su casa para destruir su familia, y salvar la vara. ¡Risum teneatis! Los hombres imparciales y honrados piensan de otro modo, y no puede ser ni honrado ni imparcial el que haya inspirado ese suelto de El Popular. Lo que sí puede ser, es ser muy práctico en esos ardides que otras veces se han puesto en juego en este sufrido y desgraciado país, alquería, finca o casa de recreo de políticos incipientes, que faltos de padres legítimos, deben tener a mucho orgullo haberse mecido en la dorada cuna del hospicio de esta ciudad, cuneros que han alimentado y seguirán alimentando las pasiones de aquellos que les adoptan, con tal de recoger unos y otros las migajas de un presupuesto raquítico que poco ensucia las manos, pero que mancha con borrones indelebles la diafanidad de las conciencias por una eternidad de eternidades. Concluimos, repitiendo a la autoridad judicial que proceda con entereza en este asunto, por lo que la ciudad de Guadix jamás olvidará su nombre. Al crimen, el castigo; a la virtud, el premio; porque si no hubo que lamentar desgracias personales, fué… ¡silencio! La prensa sensata, si ha de ejercer su misión civilizadora, debe ser lacónica en e1 relato y comentarios de ciertos crímenes, para no convertirse en pedagoga de criminales.

VARIEDADES

Comunicación.-  Nuestro digno Alcalde ha recibido un atento oficio de la «Sociedad de compositores españoles y editores propietarios de obras musicales» establecida recientemente en Madrid, dándole conocimiento de haber sido nombrado para representar a la misma en esta localidad a nuestro suscriptor el inteligente industrial don Francisco Camús y Badía. Felicitamos a la referida Sociedad por el buen acierto que ha tenido en la designación de persona que la represente, y al señor Camús por haber merecido la confianza de la Dirección gerencia para desempeñar tan honroso cargo.

Peso.-  La báscula municipal del partido conservador entraba con diez y ocho personalidades. El lunes en la noche quedó convertida en peso de platillos, y no sabemos por qué procedimiento político en cada platillo se colocarán nueve; en uno de los que mandaban, y en otro, de los que mandaron otras veces. Falta saber a qué lado se inclinará, y cuál será el cacique que arroje el bastón. Nosotros presenciaremos estas evoluciones con la mayor sangre fría, acordándonos de Quevedo, que ni subía, ni bajaba, ni estaba quedo.

¡Horror!.- El miércoles último, al pasar por un callejón, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que sale al paseo desde la plazuela de Villalegre, vertieron… excusado es decirlo: y no cabe duda, la fatal lluvia procedía de una ventana del antiguo palacio. Para librarnos de tal chubasco tuvimos que saltar por cima de un cadáver: mas no hay que alarmarse; el cadáver era de un perro, y la policía no tuvo que intervenir en el asunto.

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