Por Paco Funes, Archivo Diocesano de Guadix.

Corría el año de 1619 cuando el DoctorAlonso Cano y Urreta, publicaba el libro “Días de Jardín a Don Juan Fajardo de Guevara. Comendador de Montachuelos. Señor de las Villas de Monteagudo, y Zeutí. Capitán General de la Armada Real del Estrecho”, en cuyos relatos quedan reflejados,entre otros, los grandes peligros de la mar y las dificultades que los navíos y galeones españoles sufrían en los viajes por la ruta de las indias.Uno de los hechos que narramos a continuación, trata del Milagro que la Virgen de la Piedad, hizo y que mantuvo a flote al Galeón Santo Domingo, nave Capitana de la Armada de la Guardia y Carrera de las Indias. Estos hechos, forman parte de la documentación que obra en el Archivo Histórico de la Diócesis de Guadix, que acompañó la documentación enviada al Vaticano, para la Coronación Canónica de la imagen de la Piedad bastetana en 1930.

El relato escrito en 1619, transcrito aquí dice así:

Bien conocida tiene esta verdad V.S. pues en tantas ocasiones, que le han sucedido milagrosas: cuyo suceso atribuye oy el mundo a buena fortuna; siempre oí a V.S. atribuirlo a oraciones de personas Religiosas, que le tienen prometida la intercesió de sus oraciones y penitencias. Y a favor de una Imagé de la VirgéSantissima la devota: Dexo tantas vezes como se á visto perdida la Capitana, y algunas la armada toda, metidos ya en vagios peligros salimos con tormentas desechas, y salir salvos: quando menos imaginó esperanza humana. Encalló el navio en los Negrillos de Cartagena (peligro que solo V.S. después que se navega el Poniente, segunda vez á experimentádo) y tocando en la peña, quedaron el roto, y ella quebrada. Tuvole la muerte por cierta, el daño por irremediable: por ultimo con suelo puso V.S. toda la gente en oración, que más parecía disponerse á morir bien; que no desear vivir. Y en un puntoquando todos daban vozeslastimosisimas á Nuestra Señora de la Piedad, se sintió como con propia fuerç, le vantarse el navio. O que alboroto, que alegría: pero quan breve ¡ ya cerrada la noche, y extrañamente escura: llegole a sus tinieblas furiosa contrariedad de vientos: y de nuevo turbados los Pilotos, ni mueven el timon, ni miran la aguja. El navio camina tan a su voluntad, y entre tantos escollos, que cada punto parece al mas animoso el ultimo de la vida. O prolixamuerte ! amanece mañana, y quando pensó V.S. que por mucho milagro dura en el peligro, atravesadas cinco leguas de una punta de un vagio, llega al puerto: y reconocido el vaso, se halla rota la quilla, abierto un gran agugero, y en su lugar encaxado un gran pedaço de peñasco, tan justo que no dio lugar a pasar una gota de agua. Pudo esto suceder sin asistencia del cielo? En ocasiones de pelear, que de veces experimentó V.S. su favor. En fin es cierto que no tiene que temer, a quié Dios defiende, y guarda….”

Y así, este Galeón de la flota española de Indias, El Santo Domingo, consiguió remontar el rumbo y, pese a estar roto, navegar y regresar a España. En esa jornada desventurada que narra Alonso Cano de Urrute, fueron numerosas naves las que zozobraron en un mar embravecido por las adversas condiciones meteorológicas y muy pocos los que pudieron continuar su rumbo y llegar a buen puerto, entre ellos, encomendado a la Santísima Virgen de la Piedad, el Galeón Santo Domingo, nave Capitana de la Armada de la Guardia y Carrera de las Indias.

 

 

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