Por Luis López-Quiñones Ruiz

A pesar de sus muchos detractores me declaro usuario activo de Facebook. Vocación tardía, cierto, pero converso convencido. Creo como  dogma de fe en la red que me permite publicar mis pensamientos, historias, versos y me mantiene en contacto con personas de momentos, lugares y parcelas, diferentes, de mi vida.

La magia de esta inmensa tela me sorprende y me hace reflexionar a menudo. No hace mucho descubrí a un paisano trabajando en las placas solares en Sudafrica; buen sitio para explotar el sol pensé, tan bueno como España, aunque esta historia no es la que quería escribir. Un chico de Guadix se gana la vida en un lugar tan lejano como Ciudad del Cabo, cambiando tanto el cuento que ya no resulta extraño ni único.

 Alberto de Benalúa, trabaja organizando eventos deportivos en lugares tan extraños como Kajazistán, mi prima ha pasado varios años trabajando en Sofía, mi amigo  Antonio estuvo dos periodos  diferentes en Atlanta y tantos y tantos conozco que casi tengo más amigos de la comarca fuera que habitando la misma.

“Como hemos cambiado”.

Parece que fue ayer, 30 años hace, cuando llegaba de veraneo. Un forastero, hijo de emigrantes, que hacían fortuna en Madrid o en Barcelona, “maqueto” convencido, vestido a la última, como un extraterrestre para los chicos de mi edad que residían en un pueblo en ebullición, de verano, rebosante de ambiente y de vida.

Hoy sigo pasando mis veranos en Guadix, períodos más cortos, en un pueblo semivacío por el éxodo de accitanos veraneantes uniformados por la globalización en gustos y modas. La gente viaja, conoce, tiene cultura y el mundo se ha ido quedando pequeño más allá de los cerros de la Olla.

“La cosa mejora”.

En lo que a economía y a la crisis se refiere, miro a mi alrededor y encuentros un país de prejubilados,  pensionistas y parados. Un pueblo refugiado en los bares, en el turismo, y como una fotocopia de la misma  España con la juventud, el futuro y la élite fuera de nuestras fronteras.

Recuerdo aquello de la antigüedad, en que una ardilla podía atravesar la península de punta a punta sin bajarse de los arboles; eso le pasa a un Quiñones del siglo XXI, podría recorrer el mundo de casa en casa sin pagar un euro: De Canadá a Tailandia, de Colombia a Inglaterra, de Perú a China y de Suiza a Brasil. Valga también de ejemplo un comentario de funcionario del Consulado español en Munich el día de las elecciones: “Los españoles somos los chinos de Baviera, ya sumamos más de 22.000”.

“A cuento de la reválida”.

No sé si la Ley Educativa que el gobierno prepara es adecuada o no, pero a ciencia cierta sé que la educación de nuestros hijos, la formación profesional y un nuevo plan para que el país tenga futuro hace falta como el comer. No lo digo yo, lo dice el informe PISA, los datos del INEM y la cantidad de talento que atraviesa nuestras fronteras allá donde encuentre una posibilidad de futuro. Nuestros devaluados títulos universitarios, el ínfimo nivel de la Universidad, la masificación y  la ley del mercado laboral que no absorbe ni la mitad de la mitad de los titulados nos conduce hacia el sentido común; hace falta una gran reforma y mucho consenso para los próximos 30 o 40 años.

“La pescadilla se muerde la cola”. Estamos en bucle; nada cambia, pero el éxodo va modificando la radiografía del país. Los jóvenes huyen buscando estabilidad, los planes educativos y formativos se pierden en colores y cambios de gobierno, de comunidades y de localismos sin eficacia alguna y el mercado actúa como lo que es; un ente sin corazón que devora lo que le interesa para su propio funcionamiento excluyendo el resto. Los datos del paro bajan ante la autocomplacencia de los padres de la patria que no explican ni la calidad del empleo ni la ausencia de una generación entera de demandantes.

Mientras, en Facebook, disfruto de la cercanía de mis paisanos y de mis amigos. Los hijos de mis primos crecen en otros idiomas, una generación de accitanos 2.0 se prepara, espero, para poder volver algún día a cambiar las cosas y mi amigo Victor, el de Sudáfrica, se ve cada mas joven.

 

 

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