Hoy a las once de la mañana en los contenedores que hay debajo de la Alcazaba, nos cuenta un vecino de la zona cómo se ha quedado de asombrado y perplejo por un fenómeno que suele pasar y darse en la ciudad, más de los que se quisiera. 

Este hecho, que por común no deja de ser una sorpresa, para foráneos que como suele ocurrir, tiene que venir alguien de fuera para hacerte caer en la cuenta de que a veces damos por buenas actitudes y acciones que no son de recibo en cualquier otra parte, quizás por el uso de la costumbre.

En esta ocasión, es el vecino el que se ha mostrado perplejo por la respuesta de asombro y decepción que han tenido precisamente estos turistas al mostrar claramente su estupor por contemplar en plena luz del día en un zona de la ciudad que no es precisamente alejada de la población un reguero de basura esturreada por la calzada. Desde luego que aunque pueda tener una explicación, no tiene ninguna justificación y recae sobre la ciudadanía la vergüenza de estas acciones que dejamos hacer y que contemplamos demasiado a menudo mirando para otro lado mientras se produce.

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