Con notable retraso se incorporaron un buen nº de personas al esfuerzo organizativo que llevó a cabo el área de Cultura del Ayto de Guadix en la repetición de la magnífica experiencia que se pudo observa y disfrutar el año pasado en este mismo paraje de la cuesta de Guadix en el término municipal de Beas de Guadix, también conocido como Fin del Mundo.

Con un aplomo propio de su juventud Pablo Giménez se supo sobreponer a la adversidad que motivaba el airazo que hacía en la interpretación de sus piezas de guitarra. 

No lo pasó bien Carlos Salmerón tratando de sonorizar lo que se antojaba bastante difícil por culpa del viento.

Aún así, hubo derroche de buen hacer por parte de Pablo que estuvo más acertado en las piezas clásica que en las flamencas así como de su bailaora en semejantes condiciones. 

El público respondió bien en nº no así en actitud, pues desde quien llegó tarde sobre todo los del autobús que los dejaron en Paulenca y tuvieron que esperar a que los subiera un microbús hasta el paraje de la actuación, llegando tarde al espectáculo y por supuesto, perdiéndose la puesta sol que era también uno de los atractivos del mismo.

Faltó, para rematar la faena, los imponderables del público que estaba más pendiente de jalear cualquier cosa que se pareciera al remate de una pieza, aunque estuvieran todo el rato hablando y comentando en voz alta las cosas y chascarrillos que les viniera en gana, dando incluso opiniones tan peregrinas como no sabe discernir si la pieza que se interpretaba era Almoraima o Rumba entre dos aguas del maestro Paco de Lucía cuando en realidad Pablo Giménez estaba interpretando Recuerdos de la Alhambra del maestro Francisco Tárrega.

También quien decide marcharse del espectáculo antes de terminar el mismo y se dispone a salir del recinto en su coche particular, interrumpiendo y alumbrando a los artistas con sus faros mientras hacia la maniobra de salida. Todo un despropósito en un concierto al que habrá que corregir en muchas cosas.

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