Por Antonio Huertas

En esta época, en la comarca accitana el olivo abre la flor, lo que se conoce como “trama”. Es un periodo delicado, pues de la cuaja depende la producción y la consiguiente recogida.

Llegado este momento es conveniente haber regado la planta, y con anterioridad haber fertilizado el terreno, sin olvidar las labores de poda e higiene. Se aconseja que el suelo esté libre de hierbas en altura. No olvidemos que el polen utiliza al viento como transmisor, pudiendo las hierbas obstaculizar la polinización.

Un olivo centenario puede parecer longevo o joven comparado con ejemplares de mil, dos mil o tres mil años, como están catalogados algunos.

¿Cuánto habrá visto un olivo de dos mil años? Imperios extintos, reyes, dinastías, regímenes, catástrofes… Y ahí siguen, a un ritmo sosegado y perpetuo.

¿Qué opinará el viejo olivo cuando oye decir al labrador el constante y manido comentario: “¿Quién cuidará de esto cuando yo no esté?”? “¡Treinta y ocho agricultores te precedieron! -Piensa el olivo- Y algunos fueron extremadamente sensibles.”

Si hemos regado, abonado y demás tareas, ¿cómo es que dentro de aproximadamente un mes observamos que hay pocas aceitunas? Vemos que la cuaja no ha sido exitosa. La respuesta es que entre el olivo y el campesino, no ha existido buena comunicación. 

Es una planta ancestral, en términos evolutivos es perfecta. No se asemeja a muchos frutales que son de diseño, conseguidos a base de injertos, y que en ocasiones son resultados de laboratorio.

Tanto conocimiento encierra en su genética el olivo, que sabe y es capaz de predecir el comportamiento del clima, capaz de conocer si lloverá en verano, o por el contrario si una ola de calor va a ser devastadora. En ese caso, en estas semanas del mes de junio, sin aparente explicación, el olivo decide desprenderse de la flor, incluso estando polinizada.

Es deber del agricultor dar riegos cortos y pausados. También realizar alguna labor que levante polvareda -al olivo le relaja el polvo-, a la vez que le libra de molestos parásitos. En definitiva, hemos de hacerle creer que ante cualquier necesidad o adversidad aparecerán elementos que alivien. Y que por tanto no hay motivos para el estrés, pues su amigo y compañero el agricultor estará junto a él.

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