Este es un ejemplo, bien visible y característico, por cierto, del estado en que se encuentra un buen puñado de elementos singulares del patrimonio de la ciudad de Guadix. 

El palacio de Villalegre, está en obras precisamente por el acondicionamiento del mismo para que por fin pueda albergar el Conservatorio de música Carlos Ros de la ciudad.  

Aun no han acabado las obras y por ese motivo llamamos la atención para que no se acabe olvidando una acción de conservación y mantenimiento final que el palacio no ha disfrutado desde que hace mas de 20 años, se iniciaran unos obras de rehabilitación que no concluyeron y eso que el mismo ha tenido algún que otra taller de empleo que bien podía haber servido para que dispusiera cuando menos, de una cara más amable en el exterior.

Tanto los exteriores de la fachada como las partes o laterales del mismo no disponen de un acabado homogéneo y acorde con el oficio que representa, lo mismo ocurre con la carpintería del palacio que no ha recibido una mano de mantenimiento, limpieza o barniz en sus labores, prácticamente desde que se colocaron. 

No contribuye a ello, desde luego ni la instancia oficial que es su dueña, el ayuntamiento, ni la ciudadanía que suele utilizarlo de excusado o meadero público en sus esquinas sin pudor ni limpieza frecuente por parte de la empresa concesionaria de la misma. 

Esa que ha renovado recientemente su contrato con el municipio, pero que no siempre cumple con él mismo.

Así se muestra en la fotografía que acompaña al texto cómo los ciudadanos dignos de la ciudad, lo utilizan como estercolero, como basurero donde abandonar todo tipo de restos. Y no es la primera vez. 

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