Por Francisco Hernández Cruz

Un día, 17 de septiembre de 2016; un lugar, teatro Mira de Amescua de Guadix; un acontecimiento, interpretación del Concierto de Aranjuez, del maestro Rodrigo, por Tomatito, José Luis Morillas Arques (ambos guitarristas, aunque flamenco y clásico, respectivamente) y la Orquesta Ciudad de Almería; un motivo, concierto de cierre del Ciclo Internacional de Música Guadix Clásica, en su vigésimo cuarta edición. Con estos ingredientes, un aforo prácticamente completo; mucho público de la Comarca y mucha, mucha expectación por lo que supone de novedoso ―mezcla de clásico y flamenco― en tan conocidísima obra.

Antes, intervinieron los guitarristas, ambos más que aplaudidos. Tomatito interpretó parte de su último disco Soy flamenco, acompañado de percusión, guitarra y palmeo. En el programa de mano figuraba también una persona al “cante”, pero no intervino, lo que nos hace pensar un recorte de su actuación, que fue aplaudidísima por el respetable. Seguidamente el profesor Morillas, impecable, magistral, puso en escena obras del otro autor internacional español de guitarra, el maestro Tárrega, primero solo y acompañado de violín, viola, violonchelo y percusión de castañuelas después. El público reaccionó, como no podía ser menos, mostrando su asombro, al observar cómo, con un único instrumento solista, la guitarra, podía escuchar sonidos tan diferentes y, al mismo tiempo, sublimes, excelsos, maravillosos…

Y esto es lo que también pudo comprobar en los solos de guitarra del Concierto de Aranjuez, cuando la orquesta desaparecía como tal, o se limitba a mero acompañamiento de los solistas. Como rezaba en el programa de mano, “Una visión inédita que básicamente suena igual, pero completamente diferente”. Y el oxímoron lingüístico acertó de pleno…

Hubiera sido deseable una pequeña intervención de la orquesta sola, como había pasado con los guitarristas, pero la organización no lo creería necesario, seguramente por aquello del tiempo…

Concierto Aranjuez

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