En baja.

Todo, absolutamente todo tiene modificación; todo muda.

Empezando por el individuo y concluyendo por lo más insignificante, todo cambia y sufre transformaciones.

La fortuna, los tiempos, el progreso de la raza humana; los periodos atmosféricos, las ciencias, las artes y otras causas las producen.

De aquí esa alta y baja a que están sujetos los pueblos y las naciones.

Antes tocó a Guadix estar en alta en el asunto que es objeto hoy de nuestra atención.

Hoy está próxima la baja.

Y ¡si fuera esta sola podríamos darnos por satisfechos y contentos, pero vendrán más!

De ello tenemos nosotros parte de culpa, y por lo tanto nos está bien merecido por no haber tenido el suficiente valor y el patriotismo suficiente para haber defendido nuestros intereses, y caso de no conseguir nada favorable, tendríamos el consuelo de haber hecho todo lo posible en pro de ellos y de nuestro bienestar.

Está próxima la apertura al público del ramal de línea férrea de esta población a Moreda y luego que tenga lugar estaremos en baja.

Con ello solo habremos conseguido la ventaja de ir de aquí a nuestra capital de provincia en algunas horas menos, y tener la seguridad de que no nos romperemos la crisma en viaje semejante, ni en la cuesta de Diezma, ni en la del Molinillo, ni en la del Cerezo, ni en la de Huetor, ni en la de Fajalauza, parajes verdaderamente respetables para los que, encajonados en un coche, fían sus vidas a las manos de un mayoral que guía ocho o diez bestias casi todas rebeldes y de malos instintos.

Pero esa ventaja que es meramente personal no puede compensar las pérdidas que experimentarán ciertas industrias.

Actualmente los viajeros que, desde Almería, desde Baza y toda la parte de Levante marchan a Granada, tienen necesariamente que llegar a esta ciudad, que pernoctar en ella, y de consiguiente dejan utilidades que se aprovechan por los dueños de los carruajes que hacen el servicio de transporte, fondistas, pupileros y posaderos en primer lugar, y por consecuencia a los comerciantes en el ramo de comestibles, panaderos, carniceros etc.

Desde el instante en que tenga efecto el anunciado acontecimiento los almerienses que no vengan aquí expresamente, pasarán de largo en el ferrocarril y desde sus coches saludarán a Guadix o irán a Moreda a tomar la diligencia que las ha de conducir a Granada o a otros puntos; y los procedentes de Levante llegarán a nuestra estación, tomarán el tren, e irán también a Moreda para desde allí marchar a la ciudad de los cármenes, donde les venga en gusto o les sea necesario.

Guadix de consiguiente queda reducido, a la más pequeña cosa, en este particular y su estación reducida a una de diez minutos de parada.

No sucedería esto y si acontecía seria cuestión de un poco de tiempo si hubiéramos trabajado porque la línea de Granada a Murcia hubiera venido aquí desde nuestra capital de provincia y no quedara en Moreda aprovechando el ramal que desde tal pueblo a esta ciudad tiene construida la otra línea férrea de Linares a Almería.

Esto lo veíamos nosotros como lo veía el más miope y en tiempo oportuno publicamos un artículo titulado Un pacto en cierne con el fin de que nuestros entonces administradores cumplieran non su deber, no se durmieran en sus laureles e hicieran por obligación, por gratitud, por conciencia y por correspondencia cuanto les hubiera sido dable, para que la línea férrea de Murcia a Granada hubiera venido más directamente, que sobre ello hay varios estudios, en los que esa línea pasa por cerca de Lapeza. Entonces, dado caso que nada se hubiera conseguido, tendríamos siquiera la lenitiva conformidad de haber sido vencidos ya que no convencidos y de haber hecho lo posible en tal litigio.

Los representantes de este país en aquel entonces han quedado lucidos.

Ahora falta únicamente que en esta misma vía venga en acordar la compañía como se dijo no ha mucho tiempo, que la línea vaya a la estación de Lacalahora aprovechando la parte construida por la Fives-Lille desde esta a la estación Guadix: entonces quedamos reducidos a la nada, el camino de hierro solo servirá para que viajemos cómodamente, para que nuestros cereales, nuestras frutas, nuestras carnes vayan a otros mercados encareciéndose aquí y haciéndose la vida más difícil y laboriosa, y por toda importación obtendremos comer pescado fresco y sandias más o menos dulces, y como aquel dicen es hierva y estas aguas resultaremos gananciosos en ambas cosas y nos quedaremos tan satisfechos.

Todos los pueblos han procurado y procuran obtener ganancias con las líneas férreas; nosotros, si continuamos tocando el violón, sacaremos lo que el negro del sermón, los pies fríos y la cabeza caliente.

Nada podemos remediar a lo hecho; pero sí pensar algo para el porvenir.

Ni debemos tolerar que la línea de Murcia muera en la estación de La calahorra, ni que la estación Guadix sea común de ella y del ferrocarril de Linares a Almena y común el trozo hasta Moreda.

Si se tolera una de estas cosas la ruina de nuestra ciudad es segura, porque ya lo hemos dicho, se encarecerá por la exportación lo más preciso para la subsistencia en cambio de ver pasar el tren por nuestra vega y gustar pescado fresco y sandias dulces.

Sírvanos de ejemplo la ciudad de Loja antes rica, hoy miserable.

GARCI-TORRES.

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