Sin que sea nuestro objeto dilucidar si los profesores de Instrucción primaria pueden o no ser secretarios de los ayuntamientos aun en poblaciones de corto vecindario en lo que no están muy de acuerdo las leyes Municipal y de Instrucción pública.

Reservándonos en este momento nuestro modo de apreciar la cuestión.

Y yendo al grano como vulgarmente se dice, estimamos que es una verdadera maraña, que forma un lio de difícil desenredo, el hecho de que un maestro de primeras letras sea secretario de un pueblo, que del pueblo es siendo de su municipio, y eso se comprende aun por las personas de inteligencia más supina.

El secretario del ayuntamiento según la Leyde Instrucción Pública es el secretario de la junta local también de pública instrucción, y resulta por lo tanto, que el maestro es el secretario del tribunal que ha de visitar su establecimiento y del que ha de juzgar si los alumnos adelantan y si el profesor cumple su cometido: y es claro, siendo el secretario del municipio el encargado de la enseñanza, teniendo vara alta con el alcalde que es presidenta, de la junta, y dominando a los demás individuos, merced a su municipal destino, el visitado se convierte en cierto modo en visitante, y la visita es un plagio horrible, una burla de la ley, un escarnio de los legisladores cuyo ideal no fue ciertamente esa ridiculez, por más que el secretario sea sustituido por otra persona parael caso, pero es igual; siendo secretario del municipio el profesor de instrucción pública, dicho se está que en los pueblos do pequeño vecindario ejerce cierta autoridad entre los contribuyentes padres de los pequeños educandos que no pueden tener la vigilancia debida acerca del maestro que se les impone en momentos dados, porque es sabido que el secretario de un vellorio es un pequeño cacique de tomo y lomo que todo lo hace, en todo entiende, y teniendo en la mayoría de los casos mas ciencia que el alcalde, en ciertas cosas hace más que éste, de quien tiene que ser lazarillo.

Naturalmente las cosas del ayuntamiento absorben su atención y ese funcionario que no debía pensar sino en ilustrar al pueblo, en crear generaciones sabias y en ennoblecer inteligencias que son augustas

y nobles ocupaciones, abandona esto para dedicarse a hacer elecciones, a confeccionar presupuestos y repartimientos, a tramitar las denuncias correspondientes al negociado de campos, montes, setos y collados y otras cosas por el estilo, que distan mucho de las pacíficas funciones del maestro, que debe ser modelo de honradez y de buena educación y por ende espejo donde se miren sus discípulos.

Si el maestro no solo tiene que atender a un solo municipio sino a dos o tres, y además ha el feo hábito de alegrarse con el motivo más fútil, entonces se convierte en una acémila y pierde todos los atributos de que debe estar adornado.

Y he aquí que la ley Municipal prohíbe terminantemente, en absoluto puesto que no excepciona, que los empleados activos uno de los cuales es el profesor de primeras letras sean secretarios de los ayuntamientos, fundada acaso en las expuestas razones y en otras más altas, lo que. ha de tenerse en cuenta por las juntas provinciales de Instrucción Pública, celosas todas de los fueros del profesorado y de que los maestros sean lo que deben ser y no se alejen de su cometido.

Uno de allí.

ELECCIONES.— Pasaron, y éstas no volverán y pasaron sin haber sido necesarias precauciones ni medidas del rigor, pues Guadix es una ciudad en donde no hay necesidad de llamar a nadie al orden.

Este ha sido inalterable: lo único que nos molestó el día de la votación fue la afluencia de votantes a los colegios, que materialmente interceptaban la vía pública, haciéndose el tránsito laborioso en extremo y después… después la turba de secretarios de los pueblos que el lunes pululaba por nuestras calles y los astros de los pretendientes a la diputación, alguno con un apéndice que enrollado en la mano paseó por toda la ciudad sin soltarlo ni un

momento, por lo que el púbico dio en decir, que era el palimpsesto electoral que acreditaba la omnímoda influencia de aquel astro político.

Maraña

Sin que sea nuestro objeto dilucidar si los profesores de Instrucción primaria pueden o no ser secretarios de los ayuntamientos aun en poblaciones de corto vecindario en lo que no están muy de acuerdo las leyes Municipal y de Instrucción pública.

Reservándonos en este momento nuestro modo de apreciar la cuestión.

Y yendo al grano como vulgarmente se dice, estimamos que es una verdadera maraña, que forma un lio de difícil desenredo, el hecho de que un maestro de primeras letras sea secretario de un pueblo, que del pueblo es siendo de su municipio, y eso se comprende aun por las personas de inteligencia más supina.

El secretario del ayuntamiento según la Leyde Instrucción Pública es el secretario de la junta local también de pública instrucción, y resulta por lo tanto, que el maestro es el secretario del tribunal que ha de visitar su establecimiento y del que ha de juzgar si los alumnos adelantan y si el profesor cumple su cometido: y es claro, siendo el secretario del municipio el encargado de la enseñanza, teniendo vara alta con el alcalde que es presidenta, de la junta, y dominando a los demás individuos, merced a su municipal destino, el visitado se convierte en cierto modo en visitante, y la visita es un plagio horrible, una burla de la ley, un escarnio de los legisladores cuyo ideal no fue ciertamente esa ridiculez, por más que el secretario sea sustituido por otra persona parael caso, pero es igual; siendo secretario del municipio el profesor de instrucción pública, dicho se está que en los pueblos do pequeño vecindario ejerce cierta autoridad entre los contribuyentes padres de los pequeños educandos que no pueden tener la vigilancia debida acerca del maestro que se les impone en momentos dados, porque es sabido que el secretario de un vellorio es un pequeño cacique de tomo y lomo que todo lo hace, en todo entiende, y teniendo en la mayoría de los casos mas ciencia que el alcalde, en ciertas cosas hace más que éste, de quien tiene que ser lazarillo.

Naturalmente las cosas del ayuntamiento absorben su atención y ese funcionario que no debía pensar sino en ilustrar al pueblo, en crear generaciones sabias y en ennoblecer inteligencias que son augustas y nobles ocupaciones, abandona esto para dedicarse a hacer elecciones, a confeccionar presupuestos y repartimientos, a tramitar las denuncias correspondientes al negociado de campos, montes, setos y collados y otras cosas por el estilo, que distan mucho de las pacíficas funciones del maestro, que debe ser modelo de honradez y de buena educación y por ende espejo donde se miren sus discípulos.

Si el maestro no solo tiene que atender a un solo municipio sino a dos o tres, y además ha el feo hábito de alegrarse con el motivo más fútil, entonces se convierte en una acémila y pierde todos los atributos de que debe estar adornado.

Y he aquí que la ley Municipal prohíbe terminantemente, en absoluto puesto que no excepciona, que los empleados activos uno de los cuales es el profesor de primeras letras sean secretarios de los ayuntamientos, fundada acaso en las expuestas razones y en otras más altas, lo que. ha de tenerse en cuenta por las juntas provinciales de Instrucción Pública, celosas todas de los fueros del profesorado y de que los maestros sean lo que deben ser y no se alejen de su cometido.

Uno de allí.

ELECCIONES.— Pasaron, y éstas no volverán y pasaron sin haber sido necesarias precauciones ni medidas del rigor, pues Guadix es una ciudad en donde no hay necesidad de llamar a nadie al orden. Este ha sido inalterable: lo único que nos molestó el día de la votación fue la afluencia de votantes a los colegios, que materialmente interceptaban la vía pública, haciéndose el tránsito laborioso en extremo y después… después la turba de secretarios de los pueblos que el lunes pululaba por nuestras calles y los astros de los pretendientes a la diputación, alguno con un apéndice que enrollado en la mano paseó por toda la ciudad sin soltarlo ni un momento, por lo que el púbico dio en decir, que era el palimpsesto electoral que acreditaba la omnímoda influencia de aquel astro político.

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