ALMERÍA-GUADIX

Hará cosa de cuatro o cinco días que me hallaba completamente solo y sin saber que hacer en el paseo salón de esta ciudad, cuando el penetrante silbido de la locomotora hirió mis oídos, y movido por un desconocido resorte me dirigí hacia la estación, a esa hora en que el sol envuelto entre nubes de ópalo y grana, desciende a grandes pasos por el horizonte con el afán de ocultarse tras las empinadas crestas de las montañas.

No bien hube andado cien pasos, cuando la casualidad hizo que tropezara mi vista con un papel, y movido por la curiosidad lo alcé del suelo y leí lo siguiente:

«En un apartado y pintoresco lugar de Andalucía, donde esbeltas palmeras se levantan orgullosas mostrando sus espléndidas coronas de gigantescas hojas matizadas por un barniz brillante; donde un cielo trasparente y puro se retrata sobre el azulado y diáfano espejo de un pedazo de mar que se mece blandamente, produciendo sus rizadas y plateadas ondas al quebrarse en la orilla un chasquido dulce y sonoro… existía un precioso nido formado de plumas y flores, y en su centro, replegadas las sedeñas alas arrullaba tristemente una blanca paloma por falta de libertad, puesto que una enlutada gasa que colgaba del cielo a la tierra, le impedía cruzar otros espacios infinitos, y buscar a una hermana que había perdido y que habitaba al pié de los graciosos repliegues de Sierra Nevada, donde el céfiro se pasea orgulloso, perfumando el ambiente con el luminoso polvo de las delicadas flores que descuellan sobre inmensas alfombras de verdura; donde miríadas de ruiseñores entonan desde las pobladas alamedas tiernísimas melodías; donde innumerables y límpidos arroyuelos se deslizan serpenteando sobre sus lechos de menuda arena; y en fin, donde la Diosa Primavera derramara todas las riquezas que pudieran ostentar sus dedos de rosa.

Estas dos palomas fueron bautizadas con los nombres de Almería y Guadix.

Cierto dia, un ruido extraño les hizo estremecer y salirse de susnidos, y cruzando las etéreas ondas, vieron con indescriptible sorpresa que aquella gasa sehabía descorrido como per encanto; entonces con todas las fuerzas que pudieran prestarle los finos abanicos de sus nevadas alas, ganaron la corta distancia que las separaba, y juntando con amoroso atísbelo los pequeños picos, setrasmitieran el inmenso goce que palpitaba bajo sus sedosos buches, mientras que un bulto negro y monstruoso con vertiginosa rapidez atravesaba la tierra, formando caprichosamente en el aire con los espesos yarrugados penachos de vapor que iba dejando tras sí, la singular bandera del progreso.»

Ahora, amadísimos lectores, permitidme que adorne esas preciosas palomas con dos lazos encarnados y en cuyos centros se lean en letras doradas, estas palabras.

Viva Almería.

Viva Guadix.

ROGELIO DOMÍNGUEZ

La entrega de la Estación.

El domingo próximo pasado a las nueve de su mañana entregó el contratista señor González al jefe de la constructora Mr. Guoylard la estación Guadix con todas sus dependencias, cocherones, placa giratoria etc, acto que revistió gran solemnidad.

El edificio principal estaba engalanado con las banderas francesa y española y en uno de sus salones había preparada elegante mesa con dulces, licores y habanos, obsequio del contratista al jefe y personal de las oficinas de la compañía Fives-Lille y a los obreros que han tomado parte en todas las construcciones.

Una comisión compuesta de los señores Gabilan, Rull y Moreno salieron a recibir al señor Gueylard el que acompañado de los empleados y de los operarios penetró en la sala de recibo, comenzando el agasajo disparándose sonoros cohetes y dando varios vivas por manifestado señor a Francia y España, Guadix y Almería y a los operarios, a los que felicitó muy emocionado, regalándoles trescientas pesetas y siendo objeto de demostraciones de amor y simpatía.

Asistieron además de Mr. Gueylard y del señor González. Mr. Pegulú, Mr. Besac, Mr. Duvordé, el señor Caballero Martin, don Guillermo Huí, don Antonio Cassola, Mr. Vellegart, señores Izquierdo, Moreno, Gabilanes y otros que sentimos no recordar.

Nuestra enhorabuena al digno director Mr. Gueylard que ha tenido el gusto a fuerza de constancia de inteligencia, de trabajo y de actividad, de ver coronada esta obra de halagüeño éxito a pesar de tantas dificultades como ha habido que vencer, extensiva al personal de las oficinas y señores González, Moreno, Gabilanes y Rull. Una súplica para concluir; que desaparezca el cerro del señor Dueñas que afea la estación y no nos la deja contemplar desde la ciudad: así lo espera EL ACCITANO intérprete de los deseos de esta población: clamaremos siempre sobre este punto.

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