AL EXCMO. É ILMO. SR.

D, Maximiano Fernández del Rincón y Soto

EL HOSPITAL DE CARIDAD.

Existe en esta población un edificio hermoso, amplio y cómodo al que está unido un templo que abre sus puertas a los fieles en contados días del año, ostentando en su puerta principal una sencilla lápida de blanco mármol en la que se lee la lacónica inscripción que sirve de epígrafe a este artículo:

HOSPITAL DE CARIDAD.

Aquel es por tanto el hospital.

Allí levantó la caridad un asilo para los dolientes, un refugio para los desheredados, un consuelo para los que sin hogar, sin medios de subsistencia y sin personas amantes que pudieran socorrerles en sus cuitas, tuvieran donde curar sus corporales dolencias del mal y sus espíritus de la culpa, para ir limpios al eterno Edén.

Allí crearon nuestros antecesores un lugar para que los menesterosos fuesen amparados y lanzasen el último aliento como criaturas, no como irracionales en el duro y frio pavimento de miserable albergue.

Este fue, no otro, el motivo de la fundación de esa casa de misericordia.

¿Llena en la actualidad tan morales y santos fines?

¿Obedece esa institución a la causa de su fundación?

Triste es decirlo:

Doloroso confesarlo:

Ese moral recinto no cumple los piadosos propósitos a que se dedicara.

¿La causa?

Ni hemos pretendido saberla, ni querido averiguarla; creemos debe consistir en la escasez de recursos y ¿porque no decirlo? Acaso en la apatía de todos.

Por elle a nadie culparemos, para nadie saldrá de nuestros labios la más tenuey ligera censura.

Todos; nadie particularmente.

Nuestros propósitos se dirigen al porvenir; ayer pasó, mañana vendrá y esperamos que se aplique el remedio, que el hospital sea seguro asilo del indigente que pierde la salud, para que allí encuentre tranquilidad, prójimos que lo alienten y consuelen en sus momentos más tristes y fatales, lecho donde descanse su dolorido cuerpo, remedios, alimentos y asistencia médica, todo cuanto puede proporcionar la caridad.

Si las rentas y emolumentos de esa piadosa obra son escasos, búsquense más.

Si la iniciativa, particular es necesaria, ábranse suscripciones, implórese a los pudientes y todo tendrá solución satisfactoria.

¿No costea el pueblo por medio de su legal representante el Ayuntamiento cuatro médicos titulares? pues que esos señores asistan y visiten a los pobres enfermos que se alberguen enaquel.

¿No facilita gratis la corporación municipal en nombre también del pueblo, las medicinas a los absolutamente desvalidos?. Pues que las facilite del mismo modo a los enfermos que ingresen en el hospital.

En él hacen falta cuantas camas se puedan instalar y otra cosa tan precisa como ellas, algunas de esas heroicas y piadosas mujeres que dedican sus vidas a la asistencia de los que suben, y les endulzan con sus cristianas virtudes y ejemplar conducta, sus últimos momentos.

Entonces será el hospital un verdadero establecimiento benéfico; actualmente sirve para abrigar en su recinto al Rector y a su familia.

Los enfermos son rarísimos, algún afortunado, por excepción, y poquísimos heridos; no cogen, en razón a que sedice no hay recursos para atender a los gastos que proporciona la estancia.

Nuestro hospital no tiene de tan benéfica institución sino el nombre, es un edilicio que se denomina así por vanidad.

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Es indispensable y preciso Excmo. é Ilustrísimo Sr. que un hombre de elevado espíritu, de entero corazón, de reconocida caridad y de evangélicas virtudes, tome sobre sí la ardua empresa de conseguir que el hospital sea un hecho práctico.

Ese individuo ni puede, ni debe ser otro que el ilustre sucesor de san Torcuato en quien resplandecen aquellas cualidades.

He aquí la razón, la causa y el fundamento de haber dedicado a V. E. este modesto trabajo.

Nuestra publicación atenta siempre al bien general, pide para todos y se contenta con la satisfacción que proporciona el cumplimiento del deber.

¡Cuántas bendiciones dedicarán á V. E. aquellos que atacados por las enfermedades, reposen en la benéfica casa y, o salgan buenos para volver a la sociedad y a la familia, o se remonten al Cielo sus almas para gozar de la eterna bienaventuranza!

GARCI-TORRES.

Otro robo en Alamedilla

Triste nos es tener que comunicar a nuestros lectores otro hecho punible como el que sirve de epígrafe al presente, pero nuestro deber nos impone la precisa obligación de hacerlo, lamentando que tales sucesos acontezcan con frecuencia.

El día 20 del corriente mes, venían juntos Juan Rosillo Gómez, natural de La Calahorra, Miguel Martínez Fernández y Gabriel Alcalde Quintana vecinos de Ragor en la provincia de Almería y ya en jurisdicción de la Alamedilla cerca de la venta del tío Pedro, se pararen y se pusieron a almorzar, y de pronto los últimos se arrojaron sobre el primero, al que lesionaron robándole trescientos reales que llevaba, dirigiéndose los criminales a esta ciudad donde también vino el lesionado, dando cuenta del hecho a la Guardia Civil que practicó las más activas gestiones dando por resultado la captura de los delincuentes en la posada de la Herradura, y la recuperación de la cantidad robada, poniendo aquellos y ésta en poder del Juzgado.

Los guardias que han prestado este importante servicio son, el del puesto de Montejicar Atanasio Benoche Sánchez y el de esta ciudad Pedro Quintana Ledesma.

El activo y celoso juez señor Carrera prosigue las diligencias con toda actividad, lo mismo que la sumaria del robo del comercio del señor Puertas la que no deja de la mano, y la causa de la muerte y robo de Mr. Chistofleau.

HOMICIDIO.— En la rambla de Mata, término de Fiñana, ha sido encontrado el cadáver de la joven de 22 años Carlota Morales de la Cruz, presentando una herida causada con arma de fuego, habiendo sido preso por la benemérita Luis Pérez Alcaide, que sostenía relaciones amorosas con la interfecta.

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