II EL PRINCIPIO

(Conclusión)

No seremos nosotros los que se forjen la ilusión de que el arreglo da la calle de Santa María tal cual tenemos concebido y como debe ser, es cuestión de pocos meses, pues tenemos también presente que «no se tomó Zamora su una hora» lo que es una exactísima verdad. Comprendemos que el erario municipal no está en buenas condiciones y que el pueblo sufre los impuestos legales con trabajo, paro también creemos que en uno o dos presupuestos pueden allegarse los fondos precisos para terminarse la calle, que saldrá como puede comprobarse y como hemos dicho en varios escritos, un poco más debajo de la iglesia dedicada a1 arcángel san Miguel.

En el presente año debe quedar terminada hasta la plazuela de la Tahona.

En el venidero, da esta hasta su conclusión.

Bastante poco ha de costar —si se hace— esta mejora que es de una trascendental importancia para nuestra ciudad, que contaría en su día con dos entradas muy aceptables.

La de la parte de Almería, por la calle en construcción que es la prolongación de la de Santiago y

La de la de Granada que es la calle de Santa María que está en proyecto en las columnas de nuestro periódico y en la mente de muchos vecinos amantes de esta población, y cuyo proyecto no sabemos si se llevará a vías de hecho, aquí donde tanto se piensa para que luego quede relegado todo al olvido.

Recordamos a este propósito, que hace diez o doce años y entre otras cosas de importancia suma, se soñaba  en la construcción de una plaza de abastos; se señaló sitio, se hicieron los planos, se fantaseó mucho, se hizo comprender al pueblo que aquello se haría, y en efecto, no se hizo, ni se ha hecho, ni se hará añadimos nosotros en muchos años, a menos que las generaciones venideras sean más celosas que nosotros por la prosperidad de esta ciudad que en su mayor parte está en el mismo estado y ser que la dejaron los árabes, que dicho sea en justicia la amaron y fomentaron más que nosotros, a pesar de nuestro pretendido cariño e ilustración decantada.

Otras poblaciones con los medios de vida que ha tenido la nuestra hace unos cuantos años, es seguro hubieran prosperado más con menos planes en cierne.

Somos unos buenos teóricos; la práctica nos es harto difícil y trabajosa, es camino que aún no sabemos andar con soltura y en el cual nos extraviamos y se pierden nuestras actividades y nuestras más preciadas concepciones.

Volvamos a la calle de Santa María.

Dijimos, que una de las fachadas que se van a construir en el palacio episcopal comprende desde el ángulo que forma este frente a la puerta de la casa correo, hasta el paseo: pues bien, esa travesía es actualmente demasiado estrecha y debe procurarse por el Ayuntamiento de acuerdo con el Prelado, que se ensanche un metro o un metro cincuenta centímetros con lo que, además de obtenerse una via ancha para el paso del público, se obtendrán dos beneficios que hay que tener muy presentes:

Que la catedral una de cuyas fachadas inferiores sitúa en dicha vía quede mas desahogada, más hermosa y más vistosa y

Que lo mismo suceda respecto de la nueva portada que en ella se va a construir en el palacio episcopal.

Una vez ejecutada la obra sin que se prevean los futuros resultados, solo tendremos el consuelo  de afirmar hubiera estado muy bien el ensanche, pero sin resultado práctico; hoy estamos a tiempo de ver con los ojos de la inteligencia lo que puede resultar mejor, y eso debe hacerse porque se trata de una obra que acaso duro no muchos años, sino algunos siglos.

La cosa es insignificante y si se quiere baladí: consiste en indemnizar unos cuantos metros de terreno, cuyo valor no puedo pasar seguramente de algunos cientos de reales.

Concluimos con la forzada muletilla de siempre, no conviene abandonar este asunto que es de gran interés para la población a la que todos debemos nuestros desvelos y cuidados, y por cuyo engrandecimiento estamos obligados a hacer más que algo: cuanto esté dentro de nuestras facultades y de nuestras atribuciones, y es seguro que nuestros hijos nos lo agradecerán, y ocuparemos un lugar distinguido en la memoria de las generaciones que nos sucedan.

De lo contrario solo merecerán censuras los hombres de hoy como nos las merecen los que ya dejaron de existir.

GARCI-TORRES

Origen de los árboles frutales

El albaricoque, es originario de la Armenia y fue llevado a Roma en tiempo de Augusto, llamándole manzana precoz de la Armenia. Este es el origen que se le atribuye: sin embargo algunos botánicos le han encontrado en el Piamonte en su estado salvaje.

El almendro, ha venido del Asia o del Norte de África: es árbol esencialmente meridional: demasiado al Norte muere por las heladas primaverales, y muy al Sur se mantiene constantemente vivo, pero sin fructificar. La madera de almendro se parece al palo de rosa; es muy dura y susceptible del más bello pulimento.

El  cerezo, se debe a Lúculo su importación. Después de la conquista del Ponto se encontró en la pequeña ciudad de Carasonte, de deuda le viene el nombre de cerezo (cirasum) y se llevó a Roma.

El limonero, según Teofrastes existía en la Persia desde los tiempos más remotos: de allí se llevó a Grecia y después se propagó por toda Europa.

El membrillo, fue ya conocido de los antiguos que le llamaron cydonia, porque se cultiva en la ciudad del mismo nombre en Creta, dedicando su fruto a la diosa Venus.

La higuera, viene del Asia y del Norte de África. Ya la conocieron los hebreos y fue el árbol cultivado con más esmero por los griegos.

El frambueso, según los botánicos, procede del monte Ida; pero se encuentra en muchos de nuestros bosques en su estado salvaje.

El granado, fue llevado a Italia por los romanos después de la conquista de Cartago, de donde es originario como indica su nombre púnica granalum. Solo aclimata en los países meridionales.

El nogal, según Teofrastes, viene de la Persia. Los griegos le habían consagrado a Júpiter, y de ahí su nombre en botánica juglans.

El olivo, es originario de Asia, y crece espontáneamente en el Norte de África. La tradición atribuye a los focios su importación.

El naranjo, tiene por patria primera a la China y la India: en esto todos están de acuerdo, pero hay diversas opiniones sobre la época de su introducción, Unos le atribuyen al misionero Carpin en 1247, otros a Rubuquis enviado del Rey San Luis, y otros, en fin, a Marco Polo, el viajero veneciano. Algunos pretenden que fue llevado de la India a Siria después del año 300 de la egira, otros sostienen que ya se cultivaba en Sevilla en el siglo XII, y los portugueses enseñan aun en el jardín del conde de San Lorenzo el primer naranjo que dicen haber sido traído por ellos y que es el padre de todos los de Europa.

El albérchigo, fue traído de la Persia a Rodas, desde allí a Egipto, y por último a Roma en tiempo del emperador Claudio.

El ciruelo, nace y crece sin cultivo en las inmediaciones de Damasco en Siria, y de allí le trajeron los primeros cruzados.

La viña, procede de Asia y se cree que Noé fue el que enseñó a los hombres el modo de cultivarla, atribuyéndose esto mismo a Osiris y Buco.

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