LA DESGRACIA DE ANOCHE

Preliminares.

Los celos han sido la causa que motivo la descomunal riña que presenciamos anoche, a la luz de la luna, en una azotea próxima a nuestra redacción: Los contendientes peleaban con rabia lanzando gritos descomunales. Era imposible correr al sitio del combate para mediar entre ellos en evitación de una próxima desgracia que se acercaba inminente según el coraje que demostraban aquellos seres desprovistos de razón.

Historia

En la imposibilidad de separarles materialmente por los obstáculos que se oponían a ello, les gritábamos con toda la fuerza de nuestros pulmones para que depusieran su inquina, y como nuestras exhortaciones y recriminaciones se perdían en el vacío, recurrimos a. lanzarles cascos de tejas; pero nada, la soberbia no ve, el coraje es ciego y abalanzándose uno sobre otro con la rapidez del rayo, y clavándose ambos las uñas en las respectivas gargantas les vimos caer al suelo hechos un ovillo como la historia relata cuando describe aquello de don Pedro el Cruel y don Enrique de Trastámara en las cercanías de Montiel.

Angustias

Ya en tal estado, solo se sentían las respiraciones de ambos rivales, que más bien que respiraciones eran resoplidos; pues además de las uñas se destrozaban a bocados de tal modo, que sus caras se ensangrentaron. Era tan grande su ceguedad, que a ojos cerrados trataban de concluir el uno con la vida del otro. Asoma de repente una mujer por la puerta de una azotea con una escoba de caña en las manos, y dirigiéndose hacia ellos con la escoba enarbolada, les increpa duramente antes de dejar caer sobre ellos el haz de anea remate del arma.

Epílogo fúnebre

Los dos contendientes principiaron a rodar como una pelota perseguidos por la mujer y como la azotea no tenía baranda de hierro se acercaba el momento fatal por la proximidad en que se encontraba el alero del tejado. Un grito de la mujer fue la señal de la inminencia del peligro. Algunos centímetros más de rodar y a la calle. Así fue, aquellos dos cuerpos perdieron el terreno firme y entraron en la región del vacío. Un golpe ronco que resonó en la calle terminó aquel pugilato de seres que no parecían racionales. El público se agolpó, siempre curioso, y nosotros oímos su declaración de esencia.

¡Cadáveres.!

Eran dos gatos.

En desgracias de esta índole, supera Guadix a las demás ciudades de España.

DESGRACIA

El jueves último aconteció en la villa de Gor un caso que ha producido gran consternación en el vecindario. Un guardia civil y su esposa tuvieron necesidad de salir de la casa y dejaron durmiendo un niño de corta edad que al despertar se apoderó de una caja de fósforos que había en un poyo junto a la cama y encendió uno de ellos que le prendió fuego en sus ropas y después al lecho.

Al comprender la criatura el mal que había hecho sintiendo los efectos del voraz elemento que lo chicharraba se arrojó al suelo defendiéndose como pudo dando terribles lamentos. Cuando se apercibieron del fuego y entraron en la habitación procedieron a buscar el niño, que nos dicen encontró el mismo padre hecho una horrible masa completamente carbonizada.

Los padres se encuentran transidos de dolor por la desventura que les cobija.

Parece que el hecho se puso en conocimiento del Juzgado de instrucción de esta ciudad que ha formado la sumaria correspondiente con toda la actividad necesaria en toda clase de acontecimientos en cuanto tuvo noticia del infortunado que ahora nos ocupa.

ALDEIRE.— Se quejan los habitantes de esta villa de no tener el estanquero de ella tabacos de todas clases y si solo paquetillos de 25 céntimos. En lo tocante a sellos, ni de los más baratos, teniendo aquellos vecinos que hacer un viaje a esta población cuando necesitan algunos.

PELEA.— Por cuestión de un conejo la tuvieron de palabras dos revendedoras de la calle Ancha. Es el caso, que entre ambas compraron el animal para comérselo a medias y la una más lista que la otra se lo comió entero después de guisado por encargo de esta, sin haber probado una tajada la que pagó los nueve reales que costó. La que se lo tragó no quiso atenerse al juicio de Salomón por más que habían convenido partirlo por la mitad. Un caballero evitó que vinieran a las greñas, dándolas una peseta para aguardiente, aguardiente que también se bebió sola la que sola se había comido el conejo.

Aquí fue Troya.

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