LA ESCUELA Y LA CÁRCEL.

Sr. Director de El ACCITANO

Mi muy querido amigo; En el número 151, correspondiente al 16 del actual, he tenido el gusto de leer un pequeño, pero muy bien meditado articulo titulado «La. Cárcel», en que se estimula el celo de las autoridades para emprender tan benéfica obra de edificar una cárcel nueva, con todas las exigencias de la cultura actual.

En varias ocasiones se ocupó El ACCITANO de este importante asunto, y al volver sobre él, con motivo de las órdenes de la Dirección de establecimientos penales, promete insistir más adelante.

Digna de aplauso es la actitud de EL ACCITANO, toda, vez que la construcción y régimen de los establecimientos penales debe siempre buscarse en la Patología y en la Higiene, y la cárcel de Guadix pugna horriblemente con ambas ciencias.

Si el código penal tiene un fin altamente moralizado, si viene a ser un capítulo de la farmacopea aplicable a las enfermedades del espíritu, si es el dique que sujeta y encauza las aguas torrenciales de la vida, dirigiéndolas a fertilizar los campos de la virtud, si es en fin, la cota de malla en donde se embotan los envenenados dardos de la envidia, la soberbia, la ambición y demás pasiones que, cual inmundas larvas se engendran en el podrido corazón del hombre, claro es que para, llenar sus fines han de tomarse como medio las mencionadas ciencias perfumadas con las emanaciones de la caridad cristiana.

Esto es inconcuso, axiomático. Pero a fuer de sincero le digo, mi querido don José, que el deleite que me ocasionó la lectura del artículo que motiva esta carta, fue de súbito interrumpido por una amarguísima impresión sentida en el fondo del alma, al mismo tiempo que en mis mejillas aparecía el rubor, heraldo no sé si de la vergüenza o de la indignación, que ambos sentimientos me abatieron en aquel instante. Acababa de leer en El Liberal del día anterior un estado publicado en La Gaceta de lo que se adeuda en España a los profesores de instrucción primaria, ¡8.900,000 y más pesetas!.

¿No ve usted lo mismo que yo, relación de causalidad entre lo que publica el citado diario de Madrid y las órdenes emanadas de la Dirección de establecimientos penales? ¿Qué poder va a tener la quinina del código penal, simbolizada en la cárcel si no se comienza por sanear esas lagunas pontinas, llamadas oficinas administrativas, que a voces reclaman un nuevo Hércules que mate la hidra que las envenena?

El derecho procesal es, ya lo hemos dicho, la terapéutica de muchas enfermedades sociales; pero la instrucción primaria, o mejor dicho, la Pedagogía es la higiene conservadora de la salud del pueblo. ¡Cuanto mejor no seria que con el mismo celo que los poderes públicos procuran la construcción de cárceles, se ocuparan de la construcción de escuelas! ¡Qué dicha tan grande si en todas partes imitaran a este singular pueblo de Alhama de Almería! Qué hermoso es ver, como aquí sucede que se vuelca el presupuesto municipal sobre la instrucción primaria, mientras con tono entre miedosa y enfático llaman cárcel a mi pequeño pero higiénico recinto que por innecesario para su destino, está siempre ocupado con esteras y trastos viejos! En cambio, en cierta población, que no quiero nombrar no ha mucho se lamentaba un modesto cuanto ilustrado profesor, de que habiendo s¡do despedido por el dueño de 1a casa, andaba por las calles, desesperado, sin encontrar siquiera un sotabanco, donde congregar a sus tiernos y mudos discípulos que, dispersos y vagabundos, esterilizaban los gérmenes intelectuales que hubiera sembrado en sus cerebros.

¡Que singular coincidencia! ¡El gobierno proveyendo de cárceles y el maestro de escuela, el colega de Jesucristo, pues éste nunca quiso titularse rey ni emperador, y si maestro, hambriento y sin hogar.

Pero en fin: líbreme Dios de enfadarme con quien procura una útil mejora en mi país, que así como los efectos de las infracciones de la Higiene se modifican con los medicamentos, los efectos de la falta de educación se corrigen con las cárceles. Soy el primero en mostrarme agradecido al señor Director de establecimientos penales y demás autoridades de estos gobiernos libérales, aún cuando no pueda apartar de mi memoria el epigrama de no se que vate:

El señor don Juan de Pobres,

Con caridad singular

Fundó este santo hospital;

Pero antes hizo los pobres.

Con la mayor consideración me despido de usted afmo, y. s. q. b . s. m.

E. MINAGORRE

Alhama de Almeria 27 de Septiembre de 1894.

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