Luis López-Quiñones Ruiz,  Munich.

Desde su atalaya de privilegio lo controla todo. En medio de la encrucijada atisba el mar, los camiones de pescado que vienen de Almería, la plaza de abastos con su trasiego y la gitana, en la puerta, vendiendo  chumbos. El hospital camino de Granada: los jóvenes con sus petates llenos de ansia de independencia camino de la universidad. No le preocupa, volverán; el tiempo sosiega, arruga y enciende el fuego de la nostalgia sobre la brasa de la ausencia. Carretera de Murcia: la azucarera resucitada, temporeros de la costa que regresan, piel curtida, bolsillo lleno; veraneantes de vuelta a Ítaca con el síndrome postvacacional y las carteras vacías.

A su izquierda, la rambla, seca pero en prevengan, esperando la riada de septiembre, casi cíclica, destructora, que inunda el parque hasta el arco y le convierte, por instantes, en un solitario naufrago. Rodeado de muros de arcilla, encerrado entre cerros, álamos y esparto, Pedro Antonio sonríe.

Hoy tiene motivos, nace un periódico nuevo. Con vocación de pluralidad, de informar, denunciar, entretener; de acercar la comarca a sus habitantes y visitantes. Recuerda sus tiempos: “El Látigo”, “Ecos de Occidente”. Era joven y radical. Tuvo que huir, marcharse, por insultar a la reina, ni más ni menos, locuras de juventud divino tesoro; “tempus fugit”.

Hoy ve la luz “Accitania”, esperando dar lustre a la tierra de la que toma nombre, con las mejores plumas, las mejores intenciones y una vocación de servicio a la comunidad. El ilustre se acuerda de Africa, tan lejana en el tiempo, donde se convirtió en uno de los primeros reporteros de guerra del periodismo español. Aquel conflicto para pobres; los ricos compraban su exención. Una generación que yace, bajo las dunas del Rif, soñando un imperio apolillado en proceso de descomposición. Analogías del destino, historia cíclica como boomerang; otra generación despierta del sueño del Estado de bienestar, a dentelladas de desempleo, mientras el castillo de naipes se desmorona entre crisis de identidad y valores.

A pesar de la cavilación, de la realidad, hoy es día para celebrar.

En la comarca, la suya, con tantas carencias pero desbordada de entusiasmo e inquietudes culturales nace “Accitania”; un lugar para la cultura, un periódico para una tierra y una tierra para un periódico.

Además le llego el rumor. Un descendiente, lejano, será colaborador. Este humilde poeta, aprendiz de escritor y articulista, accitano militante nacido en el exilio publicará su nostalgia, sus opiniones, recuerdos e impresiones sobre Guadix y su comarca; un balcón con vistas a la Plaza desde mi casa de Munich.

Pedro Antonio está contento, tiene motivos; una voz nueva se alza en Accitania para los suyos. El espíritu de las letras siempre le conforta. Sonríe, entorna los ojos, se abandona en los brazos de la brisa mientras el sol de otoño, en recuerdo del verano ya pasado, calienta su cuerpo de piedra y su corazón accitano.

 

Deja una respuesta