Por N. REYNOS

Iniciamos hoy una nueva sección como artículo de opinión y que con el título “La vida alrededor” vamos a publicar de manera periódica.

La letra pequeña del periódico: La historia de Gennet

La vida es injusta y cruel para millones de habitantes de este planeta,  y para confirmarlo  basta escuchar los noticiarios de  televisiones y emisoras de radio o leer la prensa diaria, cuyos titulares destacan las mismas o similares  desgracias  que ya publicaban ayer o hace tres meses. Sin embargo, hace unas semanas leí un reportaje que  contenía  un “chute” de optimismo  y pensé que una parte de las personas que nos rodea son capaces de generar solidaridad y contribuir a mejorar la sociedad en la que vivimos. Es el caso de Angel, que en un acto de amor y valentía,  ha ayudado a su mujer a abandonar este mundo, cuando el dolor es compañía inseparable y la esperanza de mejorar naufragó hace tiempo en la mar de los deseos. La noticia  estremece  y, a su vez,  revela como la magnificación de la vida, destruye las ganas de vivir.

Pero mi relato es otro; quiero recontar la historia de Gennet, que apareció  en un suplemento del periódico, perdida en sus páginas interiores. Nació en un país africano. Abandonada por sus padres en un orfanato de Addis Abeba,  padece  sordo ceguera, aunque ello no ha sido obstáculo para que cursara una carrera universitaria, se encuentre integrada laboralmente y desarrolle una vida normal.  Cuando leí el reportaje me acerqué la grandeza y superación del  personaje imaginando cómo sería mi vida si no pudiera ver, oír u oler. Cómo sería la vida de cualquiera de nosotros, personas “normales”, con estas limitaciones. Es imposible imaginar no poder contemplar  un atardecer,  escuchar unos acordes del piano u  oler la tierra después de la lluvia. Cuando piensas en todo ello es más difícil entender como Gennet imparte clases diarias, dicta conferencias o es capaz de vivir con independencia y autonomía.

La realización personal de  Gennet es atribuible, fundamentalmente, a su coraje y espíritu  de superación,  pero también al mundo de generosidad y solidaridad que encontró en este largo proceso: la acogida  en un centro educativo de  la congregación de la madre Teresa de Calcuta, el trabajo desinteresado de decenas de voluntarios, la preparación y dedicación de los profesionales de la ONCE  y, sobretodo, del amor desmedido  de una mujer madura  de cincuenta y pico años, que luchando contra todas las adversidades, inició un proceso interminable de adopción para convertirse en su madre y mentora de sus capacidades.

Hoy Gennet Corcuera  tiene 37 años. Ha sido la primera persona  sordo ciega  licenciada de Europa. Vive y trabaja en Sevilla en un centro de educación especial. Reside sola, tiene pareja y muchos proyectos que ejecutar. No percibe  ni piensa que sus  discapacidades supongan una limitación a su proyecto vital; y así lo expresó en una coloquio público cuando le preguntaron si no era un problema padecer una discapacidad y si  pensaba que ello limitaba su vida. Ella respondió: “siempre me centro en lo que puedo hacer…y yo  puedo  hacer  de todo”.

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