Por N.REYNOL                                        

Las noticias de agencia se esconden habitualmente en los lugares más recónditos y de menor interés  informativo de la prensa. Son breves, sin excesivo texto  ni opinión, impresas  en  letra pequeña y carentes de reclamos y tipografías  que inciten a su lectura. Relatan un suceso, un acontecimiento, un fenómeno…  Son  informaciones bastante objetivas,  dejando al lector  las consideraciones y reflexiones que su imaginación o razonamiento quieran construir sobre  la noticia. Hace unos días, se publicó una información de esta naturaleza que, al menos, tiene tintes de curiosidad. Parece un cuento, una aventura con final inesperado, pero real como la vida misma, con dosis de solidaridad e ironía. La noticia decía así:

Científicos rusos, en  la ejecución de una  investigación, colocaron a Min un águila real, monitores de telefonía móvil que transmitían mensajes (sms)  sobre su localización. Estos mensajes eran, posteriormente,  procesados  de acuerdo con los programas y protocolos del proyecto. Al principio todo fue normal, Min sobrevoló los cielos de Rusia  trasladando a los científicos la información correcta, pero inexplicablemente la señal  se perdió porque el águila penetró en un país fronterizo, Kazajistán, y los emisores quedaron fuera de cobertura. Pasadas unas semanas, Min, siguiendo sus instintos o buscando una climatología más benigna, entró en territorio iraní, país que si tenía cobertura reiniciando las emisiones, pero los mensajes que enviaba a la central alcanzaron un precio desorbitado en relación a los previstos en la programación (750 por ciento superior a los costes en suelo ruso). Esta incidencia supuso que Min agotase el presupuesto y amenazase la continuidad del proyecto, y más aun, teniendo en cuenta que en ese  momento otras diez águilas motorizadas volaban por los cielos de Irán

Para no cancelar el programa, los rectores del proyecto solicitaron ayudas y aportaciones económicas  a las que acudieron  decenas de empresas. Lo más sorprendente fue, sin embargo, que una de las mayores compañías nacionales de telecomunicaciones informó tener en estudio la creación de una tarifa para pájaros que esperaba pudiera ayudar y contribuir, entre otras cosas, al desarrollo de la ciencia.

El periódico de ese día, y el de todos días, ofrecía decenas de noticias sobre el sufrimiento, el dolor, la guerra, la pobreza, la recesión económica,… pero leer las tribulaciones de esta aventura científica me ha permitido una  sonrisa, además de una reflexión sobre la ciencia y la naturaleza, así como del mundo tan diverso y complejo en el que vivimos.

 De todas formas, he de confesar que la lectura de la noticia me ha dejado con  la incertidumbre de saber si la compañía de telecomunicaciones puso en práctica la tarifa especial para aves y, si lo hizo, la aceptación que tuvo  en el mercado.

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