La prostitución NO es el “oficio” más antiguo del mundo.  Es la explotación, la esclavitud y la violencia de género más antigua que los hombres inventaron para someter y mantener a las mujeres a su disposición sexual. Es una clara forma de violencia de género, ya que lo que las mujeres prostituidas tienen que soportar como mínimo, equivale a lo que correspondería a la definición aceptada de acoso y abuso sexual.                                                           

¿El hecho de que se pague transforma ese abuso en un empleo al que se quiere dar el nombre de “trabajo sexual comercial”?.   

Regularla implica legitimar las relaciones patriarcales. Integrarla en la economía de mercado implica reconocer una alternativa laboral aceptable para las mujeres y que no sea necesario remover las causas y las condiciones que la posibilitan.                                                                      

¿Cómo vamos a educar en igualdad con mujeres tras los escaparates como mercancías o es que acaso es un posible futuro laboral para nuestras hijas?.

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