Estimado Señor Director: 

En el Día Mundial a la Libertad de Prensa, quiero recordar a Ilham Tohti, de China ; María Ressa, de Filipinas; Mostafa Abdi, de Irán; Amade Abubacar, de Mozambique; Wa Lone y Kyaw Soe Oo, de Myanmar; Ja’afar Ja’afar, de Nigeria, Nazli Ilicak; los hermanos Altan de Turquía; y Miroslava Breach y los demás periodistas asesinados mes a mes en México. Compartimos la denuncia que hace Amnistía Internacional del hostigamiento, acoso, cárcel, desaparición y muerte que sufren periodistas y profesionales de los medios de comunicación por su labor de denuncia de la injusticia. Los culpables de estos atentados no deben quedar impunes. La libertad de prensa es un derecho fundamental. Es esencial para reclamar y disfrutar de todos y cada uno de los derechos que aparecen en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 

Sin embargo, en la actualidad la libertad de prensa está amenazada. Son tristemente frecuentes las noticias de asesinatos de profesionales del periodismo. No solo en países en guerra, como Afganistán o Siria, que están a la cabeza de muertes violentas de periodistas. También en países que, sin estar en guerra, atraviesan una grave crisis de derechos humanos. 

En muchos países la utilización abusiva de las leyes antiterroristas, deliberadamente redactadas de forma vaga, está amparando y fomentando condenas penales por difundir informaciones que se desmarquen de la versión oficial. La persecución judicial se extiende contra las blogueras y blogueros que se atreven a usar las redes sociales y provoca que quienes ejercen el periodismo o representan a la sociedad civil y expresan sus ideas se abstengan de hacer comentarios públicos y se autocensuren. Se controla y restringe la utilización de las redes sociales, se borran publicaciones y se persigue a quienes disienten o denuncian la corrupción. Corren un riesgo real de ser despedidos del trabajo, de sufrir amenazas, torturas y hasta de desaparecer. 

No debemos permitir esta situación. No nos podemos callar. Hemos de luchar contra el empeño de los estados en amordazar los medios y las redes sociales. Los culpables de los asesinatos de periodistas no deben quedar impunes. 

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