Las mujeres con diversidad funcional siguen siendo invisibles en las estrategias y políticas sobre violencia machista. 

Es difícil admitir que una mujer con discapacidad ha sido objeto de violencia o abuso, por lo cual resulta  tan complicado elaborar estrategias políticas y programas, especialmente en los sectores de educación, empleo y salud para promover la autonomía y la plena participación de las mujeres y las niñas con discapacidad en la sociedad, así como, para combatir la violencia contra ellas.
La fuerza del estigma social sobre las mujeres con diversidad funcional y el no reconocimiento social del relato de las propias mujeres hacen que a pesar de la magnitud de la discriminación, la violencia permanezca invisibilizada y silenciada.

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