Por Pity Alarcón

Me han enviado un artículo de opinión (permítanme que les diga que los editoriales de un medio serio son otra cosa) en el que se arremete de una manera incalificable (parece ocultar un odio personal)  contra la gestión del equipo de Gobierno de Guadix.

Como periodista, siempre estaré a favor de la libertad de expresión, porque la libertad de expresión es lo que dignifica a los profesionales de la información. Porque la libertad de expresión es fundamental en una sociedad democrática. Pero también es imprescindible la formación de los que se dedican al noble oficio de informar,  para que no tengan la tentación de convertir escritos, pomposamente llamados editoriales, en simples libelos. Porque el libelo no casa con la información y sí mucho con el deseo de denigrar personas e instituciones y eso, créanme, no tiene nada que ver con la información veraz, con la opinión que, en la mayoría de los casos es subjetiva, es verdad, pero que, por encima de todo, ha de ser honesta, documentada, ausente de sectarismos y de mentes abiertas  porque, como dice un buen amigo mió, “los libros, las mentes y los paraguas solo sirven si se abren”. Y la mente hay que abrirla al conocimiento y al análisis, sobre todo si se escribe y se pretende impartir clases de moralidad, de honestidad, cuando se tiene guardado en el armario una manera de hacer, zafia, desleal y deshonesta. Cuando se ha jugado con la confianza, que algunos ingenuos les concedieron, y aprovecharon la ocasión para apropiarse de la iniciativa de otros de la  manera más sibilina y oscura: si con ese proceder  alguien se permite dar clases de buena conducta es que su grado de cinismo alcanzó las más altas cotas de desverguenza.

El artículo de opinión en cuestión (perdón, lo han llamado pomposamente editorial) muestra una cierta obsesión por la dimisión de la alcaldesa de Guadix. Obsesión trufada con una gran carga de odio y de desconocimiento de sus pobres razonamientos. Y por eso me animé a escribir este artículo, porque me dañan los arribistas que han llegado a esta maravillosa profesión, que es el periodismo, para enfangarlo y hacerlo poco creíble, y porque hace años yo sufrí un quebranto en mi salud. El mismo que ha padecido en los últimos tiempos la alcaldesa de Guadix y, como ella, yo también estuve de baja. Como ella, también me vi obligada a dejar de asistir a actos, en los que debería de haber estado. Pues bien, en ese articulo, se le reprocha a la regidora su ausencia en algunos de esos actos, cuando quien lo ha escrito sabia de sus circunstancias. Para alguien que actúa de manera tan miserable me faltan los adjetivos. 

Por otra parte, sin leer no se puede escribir. Sin saber de lo que se está hablando, no se debería de escribir. Sin conocer los temas,  no se debería tener la osadía de pontificar sobre algo, cuando el resultado es faltar a la verdad, que debería de ser sagrado en alguien que pomposamente aparece como directora de una publicación. Reprochar a la alcaldesa de Guadix que no dimitiera tras la cuestión de confianza es de una ignorancia supina. Si se hubiese molestado en documentarse sabría que el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Guadix actuó de manera  legal cuando,  al no prosperar los presupuestos del 2018 porque la oposición (haciendo uso de su legítimo derecho) no los votó a favor, la única salida que les quedaba era someterse a una cuestión de confianza,  para no paralizar la ciudad. Y quien reprocha, ignorantemente, que no se dimitiese por eso, debería de haberse informado de que la figura de la cuestión de confianza no lleva aparejada  dimisión alguna. Sí la llevaría, si se hubiese producido una moción de censura y la hubiese ganado el grupo que la presentara. Que sepamos, el  PP tuvo un mes desde el anuncio de la cuestión de confianza para interponer dicha moción de censura y no lo hizo. Y como no ocurrió,  automáticamente los presupuestos quedaron aprobados, por ley, de manera legítima. Sí, hay que leer más y odiar menos.

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