Por Pity Alarcón

Tal y como estaba previsto, según el resultado de las últimas elecciones municipales,  se ha producido el relevo en la alcaldía de Guadix, pasando el bastón de mando de las manos de Inmaculada Olea, del PSOE, a las del candidato popular Jesús Lorente.

He visto y escuchado atentamente las intervenciones de los portavoces de las distintas formaciones políticas en el ayuntamiento. Y como ha informado  ACCITANIA, el acto fue un ejemplo de saber estar, por parte de todos los intervinientes. Un acto presidido por la cordialidad, por la  llamada al consenso por el bien de Guadix. En definitiva, el buen tono fue la nota dominante. Un buen tono que debemos de celebrar todos los demócratas porque, en los últimos tiempos, demasiadas veces se han perdido las formas en política. 

Jesús Lorente, el ya nuevo alcalde Guadix, se mostraba visiblemente emocionado, y lo comprendemos. Yo creo que no puede haber mayor orgullo para un político que regir la ciudad que le vio nacer. La ciudad donde tiene sus raíces, donde aprendió las primaras palabras, donde corrió por sus calles. Y durante su intervención,   pidió la colaboración del resto de los ediles en la búsqueda de lo mejor para esta ciudad, destacando su interés hacia la despoblación que Guadix tiene. Algo que está ocurriendo en los pueblos del interior, en toda la geografía española. En el mismo tono de búsqueda de consenso y de entendimiento se manifestaron el resto de los ediles, pero es importante destacar las palabras de la alcaldesa saliente, Inmaculada Olea, porque si hay que saber ganar; el alcalde entrante ha sabido hacerlo, el saber perder es también muy difícil y no todo el mundo sabe aceptar una derrota: ella ha sabido hacerlo. Con sus palabras y con sus gestos, con su elegancia, en definitiva.

Oyendo las intervenciones de todos, no solo de Jesús Lorente  e Inmaculada Olea, y sí también de Pedro Rus; por Ciudadanos, de Manuel Ortiz; por IU,  y de Eduardo Jiménez, por Gana Guadix, es inevitable acordarse de un político que acaba de decir adiós a la vida pública y que nos ha dado una lección de coherencia personal, de honestidad política, y de respeto hacia el partido que acaba de dejar. Nos estamos refiriendo a Toni Roldán, de Ciudadanos,  que ha dicho cosas tan importantes como: “Los buenos políticos no son los que más se pelean sino los que son capaces de poner por delante los intereses del país de los intereses del partido”. Así es que no resisto la tentación,  en este artículo de despedida por esta temporada–el estío nos demanda otro ritmo de vida— de resaltar lo ocurrido esta semana en el panorama político nacional porque hemos recibido una gran  lección de coherencia personal, de honestidad, de fidelidad a las ideas.

Y se va, sencillamente, porque su partido  ha dejado de responder a los postulados con los que nació. Y se va diciendo cosas como “Uno no puede ser lo que no es durante mucho tiempo”.  Y él ha querido dejar de ser ese “Pepito Grillo” que durante todos los lunes clamaba, al parecer, en el desierto, en las reuniones de su partido en un intento, vano, por evitar la deriva derechista del mismo. Porque él ha luchado para que su partido recupere la vocación centrista con la que llegó, y llenó, el panorama político español de esperanza, donde se priorizaba la regeneración y las reformas. Un proyecto que se fue quedando en el camino, envuelto en subterfugios y triquiñuelas, y con el enmascaramiento de la verdad como forma de actuación.

Al parecer, los dirigentes de Ciudadanos  no leyeron a Abraham Lincoln y eso que en algún momento dijo, y que dejó para la posteridad: “Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”Confío en que el nuevo alcalde de Guadix cumpla las palabras de su toma de posesión: que no engañe.

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