Por Pity Alarcón

Paul Auster, el escritor estadounidense que ha hecho del ejercicio de la escritura una búsqueda entre el absurdo, el existencialismo y una nueva forma de hacer literatura policiaca, dijo algo así como: “Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión”. Y yo añadiría que para muchos, que sí las tenemos, la democracia siempre será lo que nos hace sentirnos ciudadanos de primera, porque sin el derecho a participar en la vida pública, sin la capacidad de decidir que solo nos da el depositar nuestro voto en las urnas electorales, todos nos sentiríamos mucho más pequeños, y el ejercicio de  votar, como máxima expresión de la democracia, nos hace ciudadanos importantes porque libremente decidimos quienes han de regir nuestras instituciones.

Y esto es lo que han decidido los ciudadanos de Guadix hace unos días. Depositaron sus votos en las urnas y optaron por el cambio de regidores en el Ayuntamiento de Guadix porque, como ustedes ya conocen, el partido popular ha ganado las elecciones municipales, en Guadix, con 8 concejales, consiguiendo 1 más con respecto a las anteriores elecciones, mientras que el PSOE se ha quedado en 5 concejales, habiendo perdido dos, en relación con el ejercicio anterior.

Pues bien, es hora de la reflexión, en las filas del PSOE, porque el elector nunca se confunde y quien piense eso se engaña. En algo han debido equivocarse, y quizás, algunos olvidaron que en la gestión municipal se valora más la cercanía de los gestores a los ciudadanos que el propio contenido de sus obras. Sabemos que este no ha sido el proceder de la alcaldesa Inmaculada Olea, o de su segundo Iván López Ariza,  pero quizás otros no supieron comprender que ser concejal de un ayuntamiento exige entrega, no importa la hora, ni el día. Y si, pongamos por caso,  hay que entregar el más modesto trofeo en la más modesta competición, allí hay que estar, porque esa competición moviliza muchos niños, y esos niños tienen padres que votan,  y la empatía solo puede establecerse desde el contacto y desde el mutuo conocimiento que se establezca. En un ayuntamiento, no se pueden establecer distancias con los administrados, antes al contrario, los administrados examinan todos los días a los ediles, y toman buena nota de sus las desatenciones hacia ellos, si es que estas se producen. No tener en cuenta todo esto es de una torpeza infinita que se paga con la no reelección, así de fácil y de aleccionador. Sí, es la hora de la reflexión en las filas socialistas, no de la flagelación que solo puede llevar a la melancolía, nunca buena consejera. Lo que han de hacer es mirarse a la cara y proceder a un ejercicio de sinceridad sobre las equivocaciones que han podido cometerse, porque la democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la valentía para afrontarlos.

Y de justicia es felicitar al partido ganador, el PP, y a  su cabeza de lista, Jesús Lorente, porque su mensaje ha debido de calar en el electorado. Pero si se dejan llevar por la autocomplacencia también se equivocarán. El ejercicio de la política es muy noble (pese a quienes intentan ensuciarlo), pero muy exigente también, y algunos, cuando conquistan  la cumbre se olvidan de que hacer de ella un lugar habitable no es fácil. Aprobados los presupuestos del Ayuntamiento, los logros del futuro tendrán mucho que ver con lo proyectado por los anteriores gestores porque en todos los casos es así. En los organismos públicos, las cosas no se pueden hacer realidad de un día para otro porque necesitan de un tiempo para proyectarlo, para presupuestarlo, para aprobarlo, y  para pasado el tiempo realizarlo. Pero esto no es solo en esta ocasión, siempre fue así, pero  lo importante ahora es que hagan suyos esos proyectos porque, por encima de los partidos, ha de estar el bienestar de la ciudadanía y el futuro de los administrados. Esa es la responsabilidad de los gestores.

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