Por Pity Alarcón

No hago nada más que animar a mis conocidos sobre la necesidad de votar en las próximas elecciones, ante la decepción que noto y las tentaciones que muchos y muchas tienen de irse al campo ese día para evitar el deseo de ir al colegio electoral. Pero los, y las de mi generación, nos pasamos años sin poder ejercer el derecho que dignifica al ser humano  y ahora no estoy dispuesta a dejar de votar; las veces que sean. Así es que les animo a hacerlo, aunque comprenda la decepción que anida en la ciudadanía, en relación con el personal que en este país se dedica ahora a la política, y que les lleva a la desilusión  ante el poco fuste de alguno, o alguna, ante la inconsistencia de sus discursos, los bandazos de sus ideas, y los caprichos que avergüenzan.

Incoherencia política que les lleva,  caso de Ciudadanos, pongamos por caso, a presentar una moción de censura en el Parlament de Cataluña, cuando la misma noche electoral en la que la señora Arrimadas gano las elecciones de esa comunidad lejos de felicitarse por ese triunfo y declarar su disposición a presentarse a la investidura, para presentar su programa, declaro que pretendía nuevas elecciones. Sí, eso es lo que dijo la señora Arrimadas la misma noche del triunfo. Esa política que tanto prometía y que en la moción de censura aparecía al lado de  Rivera en el Parlament para asistir a esa bufonada. Una moción presentada con la idea, sobre todo, de perjudicar al PSOE, porque esto a Torra ni le beneficia ni le perjudica: a él le importa un pepino.

Albert Rivera se ve impelido a intentar relanzar su maltrecha  imagen, para la campaña electoral de las generales del 10 de noviembre, y esta comedia en forma de moción de censura desde el Parlament, está encaminada a este objetivo, que no es otro que lavar su imagen como pone de relieve su enésimo giro estratégico en el que ha levantado el veto al PSOE para llegar a acuerdos tras las anunciadas elecciones. Pero también para desgastar al PSC, a quien busca retratar por haberse desmarcado de esta iniciativa absurda que justifican en que cuando la señora Arrimadas ganó las elecciones no se habían producido las detenciones de los siete CDR acusados de preparar atentados. De aurora Boreal, vamos. Aquí, la única verdad, es que Albert Rivera trata de evitar un trasvase de votos a las filas socialistas, con otra frivolidad, a las que ya nos  tiene acostumbrados.  Rectificar su veto a los socialistas es uno de los giros estratégicos pensados para detener el desencanto de sus votantes progresistas. Así es que, con la moción de censura en Cataluña, Rivera intenta situar al partido de Pedro Sánchez en una posición incómodo ante su electorado, y es que, la formación naranja, ya comenzó a acusar al PSC de complicidad con el nacionalismo, ante la negativa de Miguel Iceta (el PSC se abstuvo) de apoyar tamaña patraña.

Pero para incoherencia, lo del Gobierno de Andalucía, donde (como denunciamos en su momento) gran parte de dicho Gobierno, que comparten PP y Ciudadanos, continua cobrando, sin que se les mueva un músculo de la cara a todos,  la canonjía de lo que ellos llaman “indemnizaciones por vivienda” (que no se los motivos por los que hay que indemnizarles), que ambos partidos querían eliminar cuando estaban en la oposición. Sí, tanto el vicepresidente del Gobierno, Juan Marín (Ciudadanos), como el consejero de la presidencia, Elías Bendodo (PP), entre otros,  perciben 1.426,7 euros de dinero público cada mes para pagar los gastos de su vivienda. Y esto podría parecernos normal, si los que hoy lo están cobrando, en la anterior legislatura no se hubiesen pasado  el tiempo denunciando que esto ocurriera (Adelante Andalucía lo denunciaba entonces y ahora),  pero que el señor Marín, vicepresidente del Gobierno,  dijera que censurar estas ayudas es “demagogia” es cuanto menos, preocupante.

Yo creo que al señor Marín el subconsciente le ha jugado una mala pasada, o  no conoce la definición que la RAE hace de “demagogia”, porque dicha definición retrata a ciertos políticos, y a él también, cuando se defiende diciendo estas cosas. Y es que,  la definición que la Real Academia de la Lengua Española hace le retrata: “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

Sí, yo creo que al Vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín Lozano, el subconsciente le ha jugado una mala pasada.

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