Por Pity Alarcón

Nunca hubo tantos responsables de partidos con tanta capacidad de  albedrío para confeccionar sus listas, ni afiliados a esos partidos tan sumisos ni tan “a Belén con los pastores” como para imponerse a lo que, a todas luces,  son cacicadas de sus secretarios generales o presidentes a la hora de confeccionar las listas electorales porque, en muchos casos, han sacado de las mismas a quienes ejercían una impecable labor sustituyéndoles por gentes que llegan a la política por los caprichos de los “jefes”. Sus caprichos, en muchas ocasiones, sus inseguridades en otras, han propiciado que las listas hayan sido confeccionadas sin tener en cuenta las razones internas de los partidos imponiéndose en todos los casos las estrategias de los líderes de los mismos, cuando no sus inseguridades que les impulsa a obrar de manera un tanto caciquil, para sentirse más fuertes, en su debilidad. Al parecer desconocen que  cuando se tiene autoridad no es necesario hacer  alarde de la misma: se ejerce y basta.

Hace un tiempo, los partidos políticos buscaban la fortaleza de sus ideas con la selección de los militantes más capacitados. Ahora se impone el espectáculo de los personajes que se fichan para encabezar las listas, o figurar en los primeras puestos, mientras dichos militantes brillan  por su ausencia, y el compromiso con las siglas de los que se incorporan, en muchos casos, es inexistente porque, al final, lo que se busca es la fidelidad perruna de los que forman parte de las mismas.  

Sí, para las próximas elecciones ya se publicaron las listas, tras haberse abierto    la espita para desarrollar una guerra de fichajes que nos hace pensar en un Parlamento y Senado del todo imposible de predecir. Yo me atrevería a decir que con muy poca altura política y mucho espectáculo. Porque teniendo en cuenta que los primeros, o primeras, de esas listas se supone que son quienes han de llevar el peso de las actividades; tanto en el Senado como en el Congreso, no nos imaginamos a muchos de ellos, y ellas, fichados para dar esplendor a las listas, pergeñando discursos, tomando iniciativas parlamentarias o enterándose  de los secretos de la política que, suponemos, es algo más; debe ser mucho más, que el oropel, la popularidad o la amistad personal con los jefes de las formaciones políticas. Los más variados empresarios, deportistas,  militares, toreros, nos muestran un futuro  panorama político  muy difícil de predecir. Pablo Casado, y Albert Rivera han elegido personalmente a quienes figurarán en los primeros puestos de sus distintas candidaturas, y Pedro Sánchez también ha caído en alguna que otra tentación.  Y sabemos que es así porque, al parecer,  no han tenido mucho interés en que no se notase que fue de esa manera. Unas listas a medida de ellos y poca preocupación por las indemostradas capacidades políticas de quienes, en muchos casos,  llegan a la misma creyendo que esto es sentarse en el Parlamento y salir en la tele.

Capítulo especial merece lo que ha hecho Ciudadanos con José Manuel Villegas que forma parte del comité ejecutivo del partido desde 2007; siendo desde 2016 Secretario General. O Miguel Gutiérrez,  secretario general del grupo parlamentario de esa formación política y Marta Rivera de la Cruz, que es  Secretaria de Relaciones Institucionales y Responsable del Área de Cultura. Los tres han sido situados en puestos con peligro de no salir elegidos, lo que sin lugar a dudas es digno de estudio.  Y tenemos la sospecha de que Iglesias no ha entrado en esta subasta de nombres porque bastante tiene con los incendios que se suceden, una y otra vez, en distintas partes del país en sus “confluencias”. Nos imaginamos que ya no tiene suficientes  bomberos para apagarlas o, posiblemente, porque el lleva mucho tiempo haciendo limpieza en Podemos. Quizás, como los tres anteriores, para poder sentirse seguro en la cima.

Pero esto es lo que hay. Mucho desconcierto y tristeza por el espectáculo.

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