OTRA ESCARAMUZA

No debe extrañar a nadie que volvamos a los andados pasos; esto es, que nos ocupemos de la calle donde está situado el palacio episcopal, toda vez que ella llama poderosamente la atención, no va precisamente de nosotros, sino de este vecindario y así debe ser.

Todos estamos convencidos de que la apertura de esta ha de ser de gran provecho para la población, que ha de ser una de sus mejores vías y que ha de darle lustre y brillo.

Desengañémosnos, creer que estamos en aquella época en la que todo el que nos visitaba por más que fuera español puro y neto era franchute para el pueblo, es creer que estamos en Babia. Guadix ha entrado en el concierto de los pueblos cultos, ha variado de poco tiempo acá en sus costumbres, su vida es otra no solo física sino moralmente y es preciso que la ciudad presente un aspecto que no nos haga aparecer ridículos y con el pelo de la dehesa a los que vengan.

¿Cómo se consigue ésto?

Es muy sencillo, progresando.

El hábito hace al monje dice el adagio, y es una verdad de tomo y lomo.

Si Guadix se presenta ante los ojos de los extraños sucio, con las calles desempedradas y estrechas, con edificios raquíticos y plazas parvas será una mala población.

Empero si lo verifica con limpieza, con aseo, con esmero, si las calles se ensanchan, si se construyen edificios nuevos, si se ponen aceras en las calles, si en estas se plantan acacias y se realizan otras mejoras, entonces apareceremos dignamente ante el mundo.

Comparemos sino a nuestra amada tierra con lo que era ha treinta años, y reconoceremos que ha ganado un ciento por ciento con la edificación del Liceo, arreglo de la plaza mayor y con otras particulares construcciones.

Reconocido ésto:

¿Por qué no hemos de hacer cuanto nos sea loable en semejante orden?

Nuestro celoso Obispo ha empezado la reedificación de la calle de Santa María. Ha echado abajo buena parte de su palacio y lo que era fea y ridícula nochera se ha convertido en edificio suntuoso que presentará tres fachadas a cual más bella.

La que da a la calle dicha.

La que da también frente a la parte posterior a la catedral.

Y la que mira al paseo de nuestra basílica.

Ahora bien; es preciso, indispensable de todo punto, de toda necesidad, que esa obra, que esa importantísima mejora se lleve a término feliz y para ello son precisas dos cosas.

Es la primera, que se indemnice al Prelado la parte del palacio que ha de convertirse en vía.

La segunda, que se indemnice también, se compre o expropie a don Juan Belmonte la porción de su casa que también ha de ser calle, y con ello dentro de pocos meses ésta estaría y abierta en buena parte de su trayecto, y habríase andado buena parte también del camino que hay que recorrer, puesto que los demás edificios que se han de expropiar son de menos valor.

Inspírese por lo tanto el municipio en los deseos del pueblo, en un sentimiento de orgullo nacional, de amor a Guadix y de celo en semejante asunto, seguro de que el vecindario no olvidaría nunca paso tan transcendental y recordaría con gusto y con reconocimiento el paso por la administración pública de los hombres que hoy le forman, proclamándoles como buenos hijos de esta población y avanzados centinelas de su honra, de su prosperidad y de su material fomento.

GARCI TORRES.

Deja una respuesta