La Cárcel.

III

Cualquier persona que quiera enterarse por sus propios ojos de lo que es la cárcel de partido que para mayor sarcasmo está situada en la plaza principal de esta ciudad, no tiene sino decidirse a visitarla, y previa la venia del jefe de ella, recorrer sus dependencias.

Encontrará, que no hay lugar donde se pueda instalar el Juzgado cómoda y decentemente cuando tiene precisa necesidad de ejercer en ella sus funciones, que es con frecuencia, sirviéndose de una habitación reducida que lo mismo sirve de sala de familia, que de sala audiencia y de sala donde los letrados, escribanos y procuradores ejercen también sus respectivos ministerios; y para llegar a tan escogido lugar habrá de atravesar la cocina que es al mismo tiempo guisador y fogón para la familia del director que con repetición tiene que abandonarla cuando es necesario que en aquel lugar permanezcan alguaciles, testigos y presos.

Verá que las habitaciones del jefe y empleados se reducen a más de estas a dos que están situadas a los lados de un pasillo frió y lóbrego, y si quiere pasar adelante hallará calabozos sin ventilación, y algunos produciendo agua, que en ellos se cría en abundancia, capaces de regalar todas las enfermedades conocidas y algunas de nuevo descubrimiento.

En el ala derecha del establecimiento penitenciario, presenciará algunas ruinas y visitará el medio celemín estancia que su denominación marca lo que es y que está viniéndose al suelo, y saldrá de allí lleno de pesar y horrorizado, pensando cómo se consiente la estancia de seres racionales en aquella mansión digna de desaparecer por humanidad siquiera.

Hemos de decir,—que aclaración merece,—que el calabozo del agua no tiene habitantes porque de tenerlos sería un género de condena a muerte plazo fijo sin necesidad de intervenir en ella tribunales de hecho ni de derecho.

Tal es pintado ligeramente el establecimiento penal„ que parece mentira no haya desaparecido hace muchos años, como desaparece todo lo malo, todo lo que no tiene razón de existir.

Nosotros somos demasiado débiles para que nuestra voz tenga resonancia, pero como todos hemos de hacer algo ponemos nuestra piedra en el edificio de la caridad.

Venga al suelo ese antro que se llama cárcel y edifíquese otra donde puedan habitar seres humanos, ese es el fin que debemos proponernos.

EUDORO.

RAYOS Y TERREMOTOS

La generalidad de la gente se asusta y aterroriza de las tempestades y de las oscilaciones terrestres, a nosotros nos imponen pero de distinto modo, vemos, admiramos, reconocemos en tales fenómenos el supremo poderío de Dios y lo veneramos y lo adoramos y enaltecemos su divinidad, la naturaleza, los astros, el destino, el hombre, todo le obedece y se humilla ante él, que juega con el universo con la facilidad misma que el individuo maneja un huevo de paloma ¡Bendito sea!,..

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Serian las cuatro de la tarde del Domingo último, cuando se desencadenó una tempestad furiosa que se formó en el Picón y vino de Levante. En los primeros instantes produjo una fuerte granizada que después se convirtió en abundante aguacero, acompañado de horribles truenos; a las cinco y media todo había terminado y se supo que habían caído tres chispas eléctricas, una en los paseos del salón, otra en el huerto de don Francisco Peralta Gámez y la última en la morada de don Juan Gámez Molero.

Nos personamos en ésta y con efecto tuvimos ocasión de presenciar los destrozos causados, sin que por fortuna hubiera que lamentar cosa alguna, que no fuera el consiguiente susto del señor Gámez y su familia. La chispa entró por un ángulo del tejado corriendo una habitación y un pasillo del piso alto, de allí bajó por el pasamanos que es de hierro al piso principal donde rompió una puerta de cristales, de allí volvió—según puede conjeturarse—al pasamanos y-se perdió en el patio. Los daños son el rompimiento de la puerta, una viga tronchada y algunos rnezclones caídos. Reciba el señor Gámez nuestra más sincera felicitación por no tener que lamentar alguna sensible desgracia.

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En la madrugada del lunes fue sorprendido este vecindario por un terremoto que tuvo lugar a las cuatro menos cuarto de ella y sembró la alarma entre los más pusilánimes que se arrojaron a la calle temerosos de que se repitiera. Su duración fue de unos ocho segundos, su movimiento oscilatorio y de dirección de S.O. a N.O. Como preliminares se sintieron dos pequeños temblores de tierra, el primero a las once de la noche y el segundo a las una.

No sabemos que haya causado otro desperfecto que el hundimiento de un tabique de esta CÁRCEL de partido donde se apoderó el pánico de los presos que conocen el mal estado del edificio, refugiándose en la capilla con el director señor Hernández Diez de Oñate que los acompañó y alentó hasta que la calma volvió a renacer.

Por fortuna no se ha repetido el fenómeno a pesar de los vaticinios de más de cuatro pesimistas.

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