Por las clases jornaleras

I

 Sucede en las poblaciones pobres y agrícolas cual la nuestra, que cuando loa braceros se encuentran sin ocupación a qué dedicarse, hay un malestar que se nota a cada instante, que muchas veces degenera en apremiante necesidad primero, y en miseria más adelante.  Nosotros que prácticamente tocamos esto, que !o hemos visto, que lo hemos lamentado en más de una ocasión y que percibimos actualmente la completa paralización de los trabajos urbanos y faenas agrícolas, alzamos nuestra voz en favor del proletariado, a fin de que se eviten los males que de ello pueden sobrevenir, atrayéndole toda clase de privaciones.

Ya ha empezado la señal precursora de este malestar y por ende es llegado el momento

de acudir al remedio, antes que aquel cunda, En efecto; en estos días, pasean la población multitud de jornaleros demandando humildemente la caridad pública, demanda, que indica bien claramente por cierto, que, han agotado sus pequeños recursos, y que no les resta otro, que, o presenciar impasibles el hambre de sus mujeres, de sus hijos y de sus padres, o lanzarse por esas calles de Dios echando a un lado la vergüenza y la dignidad del ciudadano, para impetrar socorros en vía de limosna conmiserativa.

Es aterrador el cuadro que representa la casa del jornalero sin trabajo; ni provisiones, ni lumbre, ni abrigo, ni una cosa de mediano valor, que de ello se ha dispuesto antes de solicitar el óbolo de la caridad. Las mujeres y los pequeños desarrapados, pálidos, demacrados, yertos de frió, desfallecidos de necesidad, esperando ansiosos la vuelta del padre, para alegrarse con la alegría de los desheredados si trae pan, o gemir nuevamente si lleva las manos vacías, y el corazón seco de tanto sufrir. ¿Y es vivir esto?

II

No recordamos donde hemos oído o leído, que los gobernantes de las naciones habían de pasar antes de llegar a tan encumbradas alturas, por todas las clases sociales, para que al tocar arriba supiesen lo que abajo acontecía; dicho que no encontramos fuera de lugar, pues el remedio es más eficaz y directo, cuando con certeza se conoce la enfermedad.

Los hombres que merced a su social posición nacieron y viven muy distantes de la parte do la humanidad que estamos bosquejando, no ven, no tocan, no pueden apreciar

la triste realidad de lo que acontece, con toda la tuerza de sus sombríos colores, pues

que lo oyen relatar por ajenos labios o por periódicos que llegan a sus manos, y como su esfera es otra esfera, y como sus necesidades están satisfechas, y como gozan de todas las comodidades apetecibles, de aquí que no recuerden con la “fijeza que fuera de desear, que hay seres que carecen aún de lo más trivial, que trabajan asiduamente por defenderse de la miseria; que cuando no pueden hacerlo y sucumben a la enfermedad o  a la edad, mueren en un hospital o en una casa de misericordia, y no acuden a su socorro con la urgencia que debieran.

Con satisfacción se ve en la actual generación, que La caridad va en aumento ascendente, que se han creado nuevas asociaciones, casas, asilos, hospitales, donde el pobre encuentra lenitivo a sus dolores y a sus privaciones; donde pasa su ancianidad; donde muere tranquilo y asistido, bendiciendo a sus semejantes: pero sí no es suficiente; es preciso que a las clases jornaleras se les proporcione diaria faena en la que ganen el cotidiano sustento, siendo así útiles así mismas y a la sociedad.

III

Nosotros creemos que en esta comarca se podía mejorar la situación de estos, y asegurarles trabajó por algún tiempo: Comenzando las obras ferroviarias.

Emprendiendo también las públicas que el Municipio tiene en proyecto y continuando las principiadas, Respecto de aquellas, hace muchos años se nos viene prometiendo su ejecución inmediata, y es la triste y desconsoladora realidad, que no pasa la cosa de la mera promesa; y de tal modo, veremos llegar el último día del siglo actual, como hoy, con un millón de esperanzas acumuladas y aumentadas indeterminadamente, y… nada más; pudiendo decir a nuestros hijos como nos dijeron nuestros padres: «las obras ferroviarias que se anuncian se llevarán a término, pero en tan lejano plazo, que nosotros no las veremos; vosotros las disfrutareis, porque os pertenece el porvenir.»

Es mucha la mala estrella de esta parte del sur de España; las demás poblaciones nos llevan medio siglo de adelanto; cuando aquí llegan ciertas cosas, son caducas y viejas un poco más allá: nosotros vamos a la cola, siempre a la cola del progreso nacional; no se nos atiende como se debe.

Dirásenos que las empresas tienen aquí montadas sus oficinas; que su personal es numeroso; que los estudios continúan haciéndose; que algunos de los terrenos que han de convertirse en vía, en el ferro-carril de Linares-Almería están pagados; verdades todas ciertas; pero las oficinas de la de Murcia a Granada y el personal a ellas agregado han sufrido un eclipse total, pues por ninguna parte se ven, y han desaparecido, convirtiéndose respecto de él, el tienen en tenían, y el haciéndose en hacían, sin que aún se haya dado un solo picazo en esta población y su término municipal, en ninguno de ambos caminos de hierro.

De aquí, que actualmente solo concibamos la promesa, y no veamos la realización de ella, siendo tan indispensable para la vida y la riqueza de esta zona, por sus productos minerales, por sus frutos, por sus espartos, y hoy por la necesidad que siente la clase jornalera, tan digna de ser atendida.

Con relación a las obras públicas, reconocemos que la Municipalidad no está muy desahogada; pero es imprescindible hacer un solemne esfuerzo, porque también creemos que siempre ha de atenderse a la más precisa de las necesidades; y siendo hoy la más urgente proporcionarse trabajo aquella clase, debe continuarse con asiduidad el derribo de los edificios expropiados para la construcción de la calle prolongación de la  de Santiago, procederse a las edificaciones, y decretarse de una vez la demolición de la casa ruinosa existente frente a la Catedral, pues parece han vencido todos los plazos dados a los habitantes de ella y sus dependencias, para que sea desalojada.

De empezarse todos los trabajos enunciados, es seguro que se aliviaría en gran manera la necesidad del proletario y se le evitarían en estos meses, los más desesperados del año para las clases trabajadoras, las amarguras y sinsabores de que se hallan amenazadas, contribuyendo a tal estado la crudeza del tiempo; entrando en un relativo periodo de bonanza y prosperidad.

Deseamos no se pierdan nuestras palabras en el vacío, y sean atendidas cual merecen las insinuaciones hechas, en pro y gracia de los menesterosos, que son acreedores a ser remediados.

Nuestras súplicas pues al Municipio y empresas ferroviarias en bien de esos desgraciados, que al nacer no pudieron elegir posición social, ni después han podido tampoco coger para sí, un pedazo de eso que se llama fortuna.

 GARCI-TORRES.

Luz.- Hay un farol a la entrada del callejón de Nevado, que rara vez luce, o porque se apaga, o porque es apagado, o porque no se enciende; lo cierto es que el farol no luce, y como dicho callejón está en situación tal, que por él se va a la parte más solitaria del paseo en este tiempo, está apropósito para que se reproduzcan escenas como la ocurrida hace algunos años, que yendo por dicho sitio un pacífico transeúnte con su joven y bella esposa, sufrió esta tan brusca acometida y tan terrible golpe en la cabeza, que cayó al suelo sin sentido y bañada en sangre ; escapó milagrosamente con vida, perdiendo un

ojo y quedando completamente desfigurada, sin que hasta la fecha se hayan podido descubrir a los autores de tan criminal atentado, que huyeron protegidos por  las sombras. No estaría de más que la autoridad cuidase de que hubiera luz, en gracia del vecindario paciente.

Insistimos.- El Domingo anterior rogamos al señor Alcalde, mandase poner unos ladrillos que faltan en los sopórtales de la plaza, y como indudablemente se ha olvidado de ello, se lo recordamos nuevamente. ¿No sería lástima que algún ciudadano se rompiese una pierna en aquellos baches? ¿De quién sería la culpa?

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