BUENA NUEVA

Un bando del alcalde de esta ciudad dirigido al vecindario, dio el lunes último conocimiento de que el viernes haría su entrada solemne al excelentísimo e Ilustrísimo Señor don Maximiano del Rincón y Soto Dávila, sabio, recto y dignísimo Obispo de Guadix.

Desde aquel momento so notó el regocijo de los hidalgos hijos de esta tierra, y todos se dispusieron a celebrar solemnemente el fausto suceso, con cuántos recursos pudieran allegar.

El muy Ilustre señor Gobernador eclesiástico el Deán y Cabildo de la Santa Iglesia catedral, el Alcalde, todos comenzaron a hacer los preparativos precisos para que el acto resultase lo más esplendoroso posible. Se nombraron varías comisiones se invitaron a la prensa, al comercio, a los gremios, a los particulares y al Liceo Accitano y todos respondieron al llamamiento con sincero regocijo.

PRELIMINARES.

El martes comenzaron a verse las calles llenas de operarios que llevaban y traían los materiales necesarios para, la construcción de arcos y templetes, que en un momento se vieron adelantar y embellecerse.

En varios lugares se confeccionaron banderolas y gallardetes con los colores nacionales y el clásico tejo fue traído por docenas de cargas; algunos edificios recibieron un baño de cal y la actividad se redobló hasta que el viernes de mañana recibieron la última mano las obras improvisadas.

LOS ARCOS

A la entrada de la población en la puerta de san Torcuato, se colocó el primero de ellos, de arquitectura árabe, preciosamente adornado y concluido, en el que se leía esta dedicatoria «El Ayuntamiento a su dignísimo Prelado».

En la calle Ancha se levantaron dos pirámides de esbelta yelegante forma, costeadas por el comercio.

En la calle de la Catedral y entre esta y el edificio que ocupa el Seminario Conciliar se elevó otro arco bellamente engalanado con tejo, banderas y gallardetes dedicado al señor Obispo por el Seminario, con estas inscripciones: «venedicttis qui venit in nomine domini» «visita vineara istam et perfice eam.

En la plazuela del palacio episcopal se construyó otro costeado por el Cabildo catedral, formando con lienzos y pintado y decorado con mucho gusto, con esta dedicatoria «El Iltmo. Cabildo Catedral a su reverendísimo Prelado.

Por último, El Liceo costeó un hermoso templete frente al edificio de su domicilio, cuyo adorno consistía en guirnaldas de flores caprichosamente combinadas con bandas de múltiples colores, tejo y banderas nacionales.

Todos ello» ofrecían un golpe de vista agradable y alagaba la vanidad (justa) de estos habitantes en su empeño de hacer al Prelado un entusiasta recibimiento.

La construcción de los arcos y de las pirámides fue dirigida por el ingeniero agrónomo don Antonio Baca Aguilera y la del templete por el socio don Emilio Alvarez, que galantemente aceptó tal cometido.

EN DIEZMA

El viernes de madrugada salió para este pueblo primero del Obispado, una comisión compuesta del señor Gobernador Eclesiástico don Francisco García Milena digninad Arcipreste, el canónigo don Luis Sánchez y don Andrés Vílchez, rector del Seminario y Provisor, con el objeto de saludar a S. E. El recibimiento que allí se hizo fue entusiasta y los vítores muchos y repetidos. La carrera por donde pasó el cortejo estaba cuajada de gente ansiosa de contemplar y conocer al Prelado que repartía sus bendiciones y sus sonrisas con rara prodigalidad.

Descansó y fue obsequiado por el Cabildo catedral con un espléndido desayuno, recibió a cuantas autoridades y particulares le quisieron saludar y momentos después emprendió de nuevo la marcha hacia esta población.

EN PURULLENA

Al llegar el ilustre viajero a esta villa le fueron presentadas por el señor Gobernador Eclesiástico las siguientes comisiones que poco antes habían arribado allí procedentes de esta cabeza de la Diócesis y del partido judicial.

Los muy ilustres señores Arcediano y canónigo de esta basílica don Juan Gallardo Giménez y don Sebastián Ruiz García en representación del

Cabildo Catedral.

Los señores beneficiados de la misma Santa Iglesia don Francisco de Paula Gómez Hurtado y don Delfín Alastuey en nombre de los demás.

Los párrocos de esta ciudad don José López Ariza, don Jose Antonio Fajardo, don Ricardo Flores y don Ramón Gómez con los coadjutores don José Aguilera Manrique y don Torcuato Hernández Casas.

Dos seminaristas representando a los del Colegio de san Torcuato.

El Alcalde don José Giménez Vergara, los tenientes don Antonio Ruiz Valero y don Luis Vera, el Síndico don Francisco Barroso y el secretario don Enrique Vázquez en nombre de Guadix.

El Juez de Primera Instancia e instrucción don Eugenio Carrera y Bermúdez. El Juez Municipal don Víctor R. de la Oliva y el Fiscal Municipal don Sebastián Salmerón.

Por el Liceo Accitano, don Ángel Córcoles, don Juan José López Sánchez Ocaña y don Joaquín Caballero.

Por el Colegio de abogados, don Jesús Miranda Muñoz y don Francisco Peralta.

Por el comercio, don Antonio Cambil y don Miguel Arenas.

Por los médicos, don Daniel López Sánchez Ocaña, don José Fernández, don José María Casas Serrano y don Jesús Pleguezuelos.

Por los farmacéuticos, don Nicolás Sánchez Acosta y don Antonio Sánchez Ortiz.

El recibimiento que la villa de Purullena hizo al Prelado fue entusiasta y cariñoso, el Párroco las autoridades y el pueblo hicieron cuanto pudieron por hacerle agradable su corta estancia allí.

¡A GUADIX:

Seguidamente se dirigió el cortejo a esta Población. Desde las tres de la tarde estaban el paseo de la Catedral, la plaza, la calle Ancha, la puerta de san Torcuato y el puente, literalmente llenos de gente afanosa de ver y conocer a nuestro Obispo, los hombres dejaron sus ordinarias ocupaciones y las mujeres cerraron sus hogares. El ansia crecía por instantes; a las cuatro parecía que la tardanza era mucha y la impaciencia alargaba el tiempo; así trascurrió otra hora y momentos después de las cinco, el estampido formidable de los cohetes y el voltear de las campanas de la Catedral y de las iglesias todas anunciaron que la comitiva se acercaba. en efecto, algún tiempo después aparecieron en el puente los primeros carruajes y los vivas de la multitud y les acordes de le música se dejaron sentir, y el entusiasmo comenzó a apoderarse de los corazones: allí estaban el comercio con lujosísima bandera dignamente representado por los señores don Eduardo Lao, don Melquíades Puertas, don José Cambil, don Antonio Arenas y don Manuel Herrera y por el elemento joven: allí se encontraban los gremios de artes y oficios con su bandera, la que era llevada por don Santiago de Mesa y a la que rodeaban don José Merino, don Torcuato Villegas y otros, allí había miles de criaturas que se descubrían al paso de S. E. que venía muy emocionado.

El tránsito por las calles que estaban engalanadas y colgados los balcones fue una marcha triunfal, la música daba al aire notas llenas de regocijo, las campanas anunciaban la alegría de la Iglesia, los vivas se redoblaban, el entusiasmo crecía cual las impetuosas olas en días de borrasca, los versos, las flores, las palomas llovían sobre el coche del ínclito Prelado, que pagaba tal frenesí con sonrisas bendiciones y enternecimiento.

Al llegar a la plaza de la Constitución el espectáculo fue solemne, majestuoso, grande; no cabía más entusiasmo, el pueblo estaba frenético de placer, allí no cogía tanta gente, el coche de S. E. estaba rodeado de criaturas que casi lo llevaban en peso, y los gritos de respeto y admiración se mezclaron con los vivas,

Desde los balcones caían flores y versos. Los socios del Liceo y la multitud saludaban a la comitiva, y las jóvenes v bellísimas accitanas colocadas en el palco levantado por esta sociedad envolvían el carruaje del Prelado, arrojando también versos, flores y, blanquísimas palomas; una de ellas tirada por la hermosísima Aurelia Ochoa cayó en las manos de S. E. que recogió y acarició al animalillo y sin duda lo conservará. Vimos en él a María y Margarita López López, Aurelia y Ascensión Ochoa Solsona, Carmen Pérez Alarcón, Carmela Ariseun Carrera, Herminia y Estrella Jiménez Pizarro, Margarita Alarcón Peinado, Josefa Chavarino, Dolores Carrasco García, Antonia y Joaquina Hernández Ferró todas más frescas y más galanas que las flores que arrojaren porque son escogidas parte del escogido plantel femenino de la coqueta Acci.

En la plazuela del Palacio episcopal el delirio se apoderó de los miles de personas que se encontraban allí y los vivas fueron atronadores. El Cabildo catedral y los seminaristas, externos e internos recibieron al eximio Pastor en la puerta de su Palacio, en las escaleras se situaron los niños de las escuelas presididos por los profesores don Eduardo Cantillo, don Agustín de Vicente Gonzales, don José Maldonado López, don Torcuato Pedrosa, don Ramón Ratia, doña Encarnación Rodríguez y doña Antonia Rejón, entonaron un nimio de bienvenida y comenzó la recepción oficial que terminó con el refresco dado por el Cabildo catedral a S. E. que estuvo espléndido, bien servido y excelentemente presentado, habiendo asistido el clero y todas las clases sociales. Durante el acto se ejecutaron magistralmente la, Sinfonía de! Nabuco, al piano por el profesor don Pascual Rodríguez. La de la Norma a violín y piano por don Miguel López Muley y don José Gallego y un himno músical de este Señor por la capilla de la catedral.

RASGO SUBLIME

Al llegar a la puerta de san Torcuato embargado por el sentimiento y la gratitud, quiso el Prelado bajarse del carruaje y entrar a pié en la ciudad, y como le objetaran sus acompañantes que las calles estaban mojadas, contestó «pues no se mojan los accitanos» y no llevó adelante su intento por complacer a aquellos ¡bien por el Obispol.

RESUMEN

Desde que en Guadix existe la Silla de san Torcuato, no se ha conocido un recibimiento más espontáneo, más entusiasta; satisfecho puede estar el egregio Obispo; Guadix le ha demostrado amor, cariño, respeto, admiración, y ese amor, ese cariño, ese respeto, y esa admiración serán recompensados largamente por S. E. EL ACCITANO lo presentía, lo adivinaba y lo predijo en sus columnas; el noble, el hidalgo pueblo de Guadix ha dado una gallarda muestra de lo que es y de lo que vale. Su Obispo que es bueno, que es sencillo, que es sabio, que es justo, que es también hidalgo y noble lo amará tanto, cuanto se quiere aquello que hace agradable la vida, lo que es simpático, lo que es digno.

EN LA CATEDRAL

Después de las horas canónicas de la tarde de ayer, se personó el Ilustre Ayuntamiento en el Palacio episcopal, y acompañó al Prelado a la puerta principal de la Catedral donde, y un tablado quese había levantado al efecto, esperaba el Ilustrísimo Cabildo: S. E. fue paramentado o revestido de pontifical, estando de tenedor del báculo el Beneficiado don Francisco Granados Juares, y de porta mitra el más antiguo D. Francisco de Paula Gómez Hurtado, hermano del esclarecido, recto y concienzudo canónigo, Secretario del no menos esclarecido

Sr. Obispo Valdecañas, don Joaquín Gómez Hurtado, íntimo amigo de mi buen padre, y el que derramó las salvadoras aguas del bautismo sobre la cabeza del que traza estos apuntes. Después se cantó el THE DEUM y penetró el Obispo en la Catedral; se dirigió al altar mayor, otro breve rato y dirigió también al pueblo la palabra, en oración sentida, sobresaliente, llena de elocuencia, de unción cristiana rebosando de prudencia y sabiduría, que fue recibida con entusiasmo y oída con religioso silencio. Revestido de capa, pluvial negra entonó un responso por el descanso eterno del virtuosísimo y querido Obispo su antecesor, el Ilustrísímo Sr. D. Fray Vicente Puntes y Cautelar de gratísima memoria, cuya muerte dejó honda pena en la Diócesis, que le amaba con cuanto amor merece el hombre recto, y el Prelado justo. ¡Qué hermosa es la religión del Crucificado, que bellos los preceptos que contiene!. Jamás se olvida de sus hijos y allí donde está la alegría, allí está la caridad. La Iglesia se regocija por la entrada del Obispo vivo y al misino tiempo dedica un recuerdo merecido al que se remontó al cielo. Después hacer oración el Exmo. e Iltmo. Sr. D. Maximiano del Rincón en la capilla de nuestro idolatrado San Torcuato, se dirigió a su Palacio acompañado de un lucido cortejo. La concurrencia fue numerosa y las aclamaciones muchas.

Por la noche obsequió S. E. con un refresco al Cabildo, al Ayuntamiento y a todas las clases de la ciudad, el que estuvo a gran altura reinando la expansión y contento entre los concurrentes; hubo derroche, gala y lujo de todo, y se amenizó el acto por la capilla de la Catedral que cantó los himno compuestos por D. Pascual Rodríguez y por D. Celestino Vila de un modo magistral, y dejó altamente complacidos a los oyentes. Entretanto se repartieron a los pobres por mandato del Prelado tres mil hogazas de pan ¡bendita sea la caridad!

GARCI-TORRES.

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