La Cárcel                                 I

En los primeros tiempos, en la infancia como si dijéramos de nuestro Semanario nos ocupamos si mal no recordamos, de la cárcel de esta ciudad llamada de partido, sin que en verdad merezca honor tan eximio un edificio ruinoso, malsano y vetusto.

¡Valiente cárcel de partido!

¡Valiente mansión donde nuestros semejantes se albergan!

Dijimos antes y decimos ahora, que esa prisión está en pésimo estado; y pedimos antes y pedimos ahora que se construya un edificio que responda a los fines a que se dedica, siquiera sea por conmiseración y lástima a los desgraciados que sufren las amarguras que produce el delito y acarrea el cosquilleo de la conciencia.

Hace pocos días -y lo decimos para justificar la tesis propuesta que publicaremos por dosis por no hacernos largos en demasía- que estando clavando un individuo un clavo en el quicio de una puerta, se desprendió un ladrillo a los golpes, que vino a dar en la cabeza de un recluso a la que hirió si bien ligeramente.

Y el día menos pensado, al más ligero soplo de la brisa más tenue y juguetona, cae del mismo modo el torreón que da a la cuesta de la ruinosa carnicería y si cayera solo menos mal, por que suceder puede que haga una tortilla, de seres humanos, que por allí transitan con mucha frecuencia, lo que sería una lástima grandísima.

Es urgente que se acuda a quien corresponda para que se edifique una cárcel en buenas y humanas condiciones, y si el Ayuntamiento tiene atribuciones para ello, que piense seriamente en este asunto que es de trascendencia suma no sólo para Guadix y su partido sino para España entera; pues por aquí transitan muchos sentenciados y procesados que van a sus destinos respectivos y mientras esto sucede cal para blanquear y goznes para las puertas, que lo piden con mucha necesidad.

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PREDICAR EN DESIERTO

Nada hay más enojoso que interesar una cosa, cuando tenemos la casi evidencia de que no se nos ha de conceder, de que no hemos de ser oídos de nadie, por aquello de que «no hay peor sordo que el que no quiere oír, Empero cuando pedimos con razón sobrada, tenemos derecho de ser insistentes y si no se nos atiende, nos queda la tranquilidad moral de haber hecho cuanto nos ha sido dable en prode la buena causa.

Nosotros hemos pedido en varias ocasiones a los poderes públicos, la terminación de la Carretera de esta Ciudad a la de Almería y la construcción del puente equivocado —según se dijo—que se comenzó a construir sobre nuestro rio, y que de la noche a la mañana se suspendió, y suspendido continua; y amargo es confesar que no hemos adelantado nada, y que nuestras débiles voces se han perdido si no en el vacío, allí donde precisamente hay el deber y la obligación de atender las quejas, las peticiones y las solicitudes de los pueblos que contribuyen, no con modesto, sino con crecido óbolo cual acontece a las provincias hermanas de Granada y Almería, a sostener las cargas del estado y a procurar el engrandecimiento, cultura y fomento de otras más afortunadas, o que cuentan con padrinos mejores y de primera magnitud.

El argumento de que para nada necesitamos la carretera cuando de aquí a breves meses iremos a Almería y vendrán de allí a aquí en cómodos coches sobre férreo camino no nos convence, y no nos convence por multitud de razones que están al alcance de cualquiera que se detenga y medite un poco acerca de ello.

La zona que recorre el ferrocarril, aunque en muchos puntos es la misma por donde va la carretera, en otros dista varias leguas de los pueblos por do esta pasa, lo que hace que de no concluirse queden sumidos en el olvido y sin medios de comunicación, no con sus provincias respectivas sino con el resto de España.

La carretera en estudio de Ugijar a esta población que atravesando la parte más practicable de Sierra Nevada y viniendo a caer a la villa de Aldeire ha de empalmar con la que nos ocupa en los llanos del Marquesado del Zenete, seria obra de lujo y no correspondería a los fines propuestos de poner en comunicación a las Alpujarras con el litoral de Almería y con Granada, pasando por Guadix, de no terminarse la que es objeto de este artículo, puesto que al llegar a los llanos del Zenete no habría comunicación fácil y expedita con los indicados pueblos y allí también terminaría.

Además, no se comprende que el Estado haya hecho el desembolso de muchos millones y se hayan destrozado y hecho improductivos parte de los mejores terrenos de los pueblos cuyos términos municipales atraviesa, para hacer una carretera que se ha abandonado en algunos parajes, que en otros, no está sitio embastada, que no se concluye y que en vez de ser cosa de pública utilidad y benéfica arteria de riqueza, sea un camino de herradura impracticable en algunos trozos, sin que reporte bien alguno. Para esto cuanto mejor hubiera sido no principiar lo que mucho cuesta y cuya parte mayor para nada sirve en la actualidad.

No creemos ser esta vez más afortunados que en las anteriores y pensamos por lo tanto que las razones vertidas se las llevara ese viento tan perjudicial que se llama indiferencia, pero no por esto enmudeceremos, antes bien, volveremos sobre el asunto, que puede que muchos amenes al cielo lleguen y se nos haga cumplida justicia.

GARCI-TORRES

NUESTROS MONTES

He aquí las fincas de los montes de propios de Guadix, que han sido adjudicadas por la subsecretaría del ministerio de Hacienda, con fecha 21 del pasado mes:

Barranco del aceite, en 826 pesetas, a don José Muñoz Caserna.

Llanos de la Carrílla, en 8.000 pesetas, a don Manuel Lomeña.

Caidos de San Torcuato, en 2.540, al mismo.

Escudia de la Sabina, en 11.251 al mismo.

Dehesa de los cuartos, en 36.000, al mismo.

Cañada de Miguel Romero, en 50,000 al mismo.

Perpin, en 14.000, a don José Muñoz Caserna.

Carretes de los molinos de Bacor, en14.500 a D. Juan Hernández Carretero.

LA DESGRACIA DEL JUEVES

En la madrugada do este día y como a las dos de la misma, un intenso calor despertó a una criada de Don José Maldonado, profesor de instrucción primaria de esta ciudad, que se había quedado dormida junto al brasero, y al verse con las ropas incendiada corrió despavorida hacia el dormitorio de los dueños de la casa, aumentando, como es natural, con su carrera, las llamas de la ropa. Al ruido producido en la misma habitación, se levantaron y acudieron dichos dueños consiguiendo con gran trabajo y no sin sufrir también graves quemaduras, apagar dichos vestidos: La desgraciada sirvienta que podrá, tener de l5 a 16 años, quedó en tan mal estado que se duda pueda salvarse.

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