EL CARNAVAL

Es la síntesis de lodo el año. La vida es un carnaval no interrumpido en que la humanidad de mil modos disfrazada gira rauda y vertiginosa en derredor de un nimio brillante que nunca toca porque es una fantasmagoría del espíritu y las fantasmagorías del espíritu como la fantasmagorías que se dibujan en el éter sobre las arenas líbicas, son ilusiones que el aura trae y el viento lleva.

Los hombres en la vida se disfrazan, y se disfrazan a veces con máscaras tan vistosasy de colores tan brillantes, que como alondras sobre fulgurante espejuelo, caen fascinados los incautos que admiraron su mentida refulgencia.

La humanidad no solo disfraza su rostro con el común antifaz de la hipocresía, no va más lejos, disfraza sus ideas y sus pensamientos y lo mismo en la conversación familiar

que en el elocuente discurso del tribuno y en el periódico y en el folleto y en el libro, encontráis bajo un ropaje de púrpura un esqueleto horripilante. Así pues, separad en muchas de esas creaciones que la humanidad admira y el ingenio humano produjo las vaporosas gasas que veían su interior, las llores que las embellecen, el vistoso fallaje que las adornan, y encontrareis oculta bajo tan bella apariencia, enroscada en el fondo de aquella verdura, la serpiente de una idea maldita., de un pensamiento satánico, de una teoría execrable. Agitad la clara y tranquila superficie de ese lago al parecer límpido y sereno, y al punto la veréis enturbiarse por el fango que vacía en su fondo oculto a nuestra vista con el azulado cielo que sus ondas reflejaban.

La humanidad disfraza también sus sentimientos. Arrancad la máscara de aquel que os brinda un amor desinteresado y en él veréis la idea del lucro y del egoísmo presidir a todas sus manifestaciones; quitad el antifaz del que os ofrece una amistad pura y sincera y le veréis maquinar contra vosotros la traición más negra y la ingratitud más espantosa; levantad la careta del que públicamente alardea y pregona su caridad y le sorprenderéis enriqueciéndose con la sangre del pobre a quien sarcásticamente remedia; y si seguís arrancando caretas, antifaces y máscaras, seguiréis descubriendo egoísmos, ambiciones, odios y todas las pasiones execrables bajo apariencias engañadoras.

La vida es un carnaval, sí, y el carnaval una redundancia de la vida.

Desde la cuna en que nacemos a la vida hasta el lecho en que nacemos a la muerte —si permitís esta contradicción—vamos de engaño en engaño, de desilusión en desilusión, respirando un ambiente viciado por el carbono de la mentira, flotando en un océano de falsía cuyo oleaje nos envuelve y cuyo flujo y reflujo nos arrastra en su eterno movimiento.

Así es el mundo. Disfrazamos el llanto que amarga nuestro pecho con la sonrisa que abrasa nuestros labios, porque la humanidad se ríe de las lágrimas aunque se agita en un piélago formado por las que frotaron de sus ojos; disfrazamos la angustia que oprime nuestro corazón con la alegría que fluje nuestro rostro, porque la sociedad se burla de las angustias y los pesares aunque toda ella exhale un ¡ay! eterno; disfrazamos el dolor que nos embarga con el placer a que nos entregamos, porque el mundo escarnece los dolores aunque en su alma siente uno profundísimo.

Se engañan, sí, mucho, los que en el carnaval, cubriendo su rostro con un burlesco antifaz pretenden disfrazarse y tras el disfraz manifestar sus verdaderos sentimientos; se engañan, porque no se disfrazan, lo que hacen es quitarse la máscara y aparecer tal cual son.

Así fue la humanidad en las edades que pasaron, así es en la edad presente y así será en las edades venideras.

Podrá en sus múltiples evoluciones a través de los siglos variar de aspecto, variar de forma y variar de carácter, pero la esencia en el fondo permanece incólume, la materia no se aniquila, nada vuelve a la nada.

El carnaval comenzó en el génesis de la creación, en el Paraíso que Dios concedió a nuestros primeros padres con el engaño de la serpiente, y terminará cuando las trompetas apocalípticas aturdan el universo.

AURELIANO D E L CASTILLO.

Deja una respuesta