Por Pity Alarcón

El “dejar hacer dejar pasar” de Rajoy en el tema catalán; sin enterarse, o sin querer enterarse, de lo que estaba pasando. La inoperancia de los servicios de inteligencia españoles que parecen estar en la inopia. La incapacidad de las embajadas españolas en el extranjero, que no han sabido detectar, a lo largo de los años (esto no es de un día) la incesante labor de socavación del prestigio de España que han ido desarrollando las delegaciones catalanas en el extranjero, sin que al parecer nadie se enterara de lo que estaba pasando, han traído como consecuencia que España tenga perdida la batalla de la imagen, sobre el independentismo, fuera de nuestras fronteras, como puso de manifiesto el tercer grado al que fue sometido Josep Borrel en una entrevista en Deutsche Welle,  televisión financiada con fondos públicos alemanes. Y es que el independentismo  catalán ya se ha ido encargando, a lo largo de los años, de invitar a periodistas de todos los rincones del planeta a visitar Cataluña,  o a pagar publireportajes,

Los independentistas catalanas, el Gover, ha ido, año tras año, contactando con expertos en creación de opinión, participando en lo más diversos foros donde el tema catalán fuese tratado, bajo el prisma independentista,  y ganando voluntades mientras los diversos gobiernos españoles no lo vislumbraban,  o  no querían vislumbrar, que es peor.  Por ejemplo, los distintos Gobiernos no se enteraron de que, pongamos por caso, el exconsejero de Exteriores de Cataluña, Raül Romeva, y algunos otros, recorrían las llamadas “embajadas catalanas”, diseminadas por toda Europa, para dar conferencias sobre el derecho a decidir de Cataluña, a la vez que destinaba, al parecer, 27 millones de euros a la estrategia independentista en el exterior por medio del Diplocat, el Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña, creado en 2012, con Rajoy de Presidente.

El resultado de tanta desidia, de tanta incapacidad para contrarrestar esa campaña publicitaria, que era percibida por muchos e ignorada por todos, se está viendo ahora, y muy gravemente, en lo que ha ocurrido en el Parlamento francés, hace unos días, donde  cuarenta y un senadores  han difundido una carta  con  el título “Por el respeto de las libertades y los derechos fundamentales en Cataluña”.  El documento pide a Francia, y a la Unión Europea, que intervengan para buscar una solución política porque, según ellos “Esta situación es un verdadero ataque a los derechos y libertades democráticas”.  Así, como suena. Un parlamento de un país  aliado de España,  se permite dar lecciones de funcionamiento democrático a esta. Y esto debería de hacer reflexionar sobre como se están haciendo las cosas en este tema, porque aunque es cierto que el Gobierno francés se apresuró a hacer pública una nota de defensa de  la unidad e integridad de España, “Un país aliado y una gran democracia”, y que el comunicado abunda en que se trata de “La expresión individual de los senadores” y no refleja la posición del grupo, lo cierto es que la voz del máximo representante de España en Francia, el embajador Fernando Carderera, se debería de haber oído con más firmeza. Al final ha quedado en un diplomático, “Lamento y rechazo este manifiesto que demuestra un desconocimiento absoluto de la situación en España por parte de un grupo minoritario de senadores franceses”. Sí, 41 senadores son una minoría antes lo 348 senadores del Parlamento francés, pero hasta un historiador francés, Benoît Pellistrandi, se ha pronunciado más firmemente en defensa de nuestro país al decir que la carta de los senadores refleja “Un desconocimiento brutal de la situación”. Para añadir que, “Lo que no quieren entender es que se juzga a algunos responsables políticos por haber abusado de sus poderes”. Sí, es un francés el que dice esto, no el embajador español.

Que en algo tan grave como lo ocurrido en el Parlamento Francés, nuestro embajador se haya mostrado tan políticamente correcto, es descorazonador.

Deja un comentario