La palabras importan, y tal y como nos recuerda el Convenio de Estambul, estamos ante un delito cuyo elemento definidor debe ser única y exclusivamente la falta de consentimiento prestado de manera libre y expresa por la mujer. 

A partir de ahí, podrá el legislador y también los tribunales de justicia agravar la conducta del agresor teniendo en cuenta los otros factores que concurran. 

Está en manos de los legisladores y de los actores jurídicos clarificar algo que la sociedad reclama a gritos: Solo sí es sí, el resto es violación. 

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