Por Leovigildo Gómez Amezcua. 

El pasado día 15 de octubre, medio centenar de antiguos alumnos del Seminario Menor de Guadix, procedentes de distintas localidades y pertenecientes a cursos de los años 1960 y 1970, se reunieron en nuestra ciudad para celebrar una convivencia. Y lo primero que hicieron fue visitar el lugar donde había cursado sus estudios. Algunos de ellos eran sacerdotes; la mayoría eran seglares con distintas profesiones: maestros, médicos, escritores, abogados etc. A pesar de la advertencia previa que se les hizo, su impresión fue muy negativa, porque encontraron un edificio en ruinas: muebles destrozados, habitaciones destartaladas, escaleras rotas y mucha suciedad. Peor fue cuando subieron a la Alcazaba, que había sido campo de recreo para los seminaristas. Tras pasar con mucha cautela el endeble puente que la une al edificio, hallaron una gran explanada cubierta de matorral, sin las paredes que las separaban del exterior y con algunos torreones hundidos.

A pesar de ello, disfrutaron recordando sus tiempos de estudiantes y obteniendo innumerables fotografías. Después se trasladaron a la Catedral y desde allí se dirigieron a un restaurante para  culminar su visita a Guadix con una excelente comida. Algunos estuvieron acompañados por sus esposas. La sobremesa se prolongó hasta las 6 y media de la tarde. Durante ella se pronunciaron discursos, se contaron anécdotas y hasta se presentó un libro por su propio autor. La despedida fue muy emotiva. Pero a todos les quedó un amargo sabor de haber encontrado un edificio histórico, que fue adquirido por el Ayuntamiento a principio de siglo, y que ha sido materialmente abandonado por los sucesivos regidores municipales que ha habido desde entonces.

¿Cuándo llegará la hora de que tal situación se solucione? La respuesta está en los que actualmente nos representan democráticamente.

 

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