En tiempos de los que se supone que no hay problemas de estacionamiento, donde se puede saborear el espíritu navideño, con solidaridad incluida nos asombra que se sigan dando escenas como las dela imagen. Estamos aparentemente en una ciudad sin ley. Por lo menos en lo que respecta a algunas personas, a algunos ciudadanos, a algunos catetos de pueblo que no son, ni se preocupan por facilitar la convivencia entre todos. Es la era del egoísmo morrocotudo, del primero yo y después, yo. El respeto a las  normas de tráfico, que todos deberíamos de cumplir garantiza una mayor fluidez y orden en la circulación y en el uso de la vía pública para que no haya abusos de nadie, ni sobre nadie.

Pues de eso se trata de demandar civismo, de pedir colaboración, empatía y saber estar para que todos podamos vivir un poco mejor. Aquí la policía local parece que está mirando a los cerros de Úbeda, a juzgar por la cantidad de infracciones que se cometen impunemente en la circulación vial. Desde quienes aparcan o estacionan donde les da la gana, a quienes les da lo mismo pararse sin mirar si es posible o no, si afecta a los demás o no, etc. El uso indiscriminado de las luces de emergencia cuando no lo es un ejemplo claro de por dónde camina la tarea de la policía local en cuanto a tráfico se refiere. Se salta la ciudadanía las normas, y quien puede o debiera de poner coto no lo hace. Así de estos modales obtenemos incivismo que va aumentando paulatinamente porque nadie le pone coto al ejercicio de la responsabilidad que les compete a cada uno. Y así nos vá.

Aparco dónde quiero, porque me viene bien y nadie me dice lo contrario. Y tan pancho.

Accitania, Guadix Accitania, Guadix

 

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