LA MUJER

No hay que darle vueltas. La mujer, será siempre el mejor y más hermoso asunto para los escritores.

Mucho se ha dicho de ella, mucho, y mucho podemos afirmar habrá de decirse todavía. Esto debe ser sin duda, porque como con los misterios, todo son hipótesis para explicarla.

De mil modos contrarios se la ha juzgado, y de mil maneras diferentes se la ha creído.

Algunos, idealistas u optimistas, la han colocado en el pináculo de la humanidad y otros, pesimistas, la han rebajado hasta el fango de la materia.

Así, mientras Salomón como en un lamento de su alma acibarada exclama «la mujer es más amarga que la muerte», Panard en una expansión de su espíritu, afirma que, «las mujeres son ángeles por su gran dulzura». Si el elocuente Cicerón culpando a la mujer de nuestro mortal destino, dijo, que «sin las mujeres los hombres hubieran hablado con los dioses», Michelet en cambio, con gran fondo de justicia ha dicho, que «la mujer no es solamente nuestra igual, sino en muchos puntos muestra superior». Si Plauto, decantando la supremacía del hombre se atreve a decir que «no podemos elegir entre las mujeres porque no hay una que merezca nuestra atención», Aune Martin, con espíritu imparcial ha afirmado, que «todo el mal que las mujeres nos han hecho procede de nosotros, y todo el bien que nos hacen procede de ellas». Palacios con una crueldad mayor que la que echa en cara dice que, si las mujeres tuvieran veneno en las uñas, pocos tiranos las aventajarían en crueldad», pero E.Legouvé ha contrarrestado aquella afirmación, diciendo que, «las mujeres tienen el genio de la caridad, porque al oro que da el hombre, añaden ellas el corazón».

Compaginad el dicho del gran poeta francés Víctor Hugo el cual afirma que «la mujer odia a la serpiente por rivalidades de oficio» con el de otro poeta no menos célebre, también francés.

Lamartine, el que sostiene que «en el origen de todas las grandes cosas hay una mujer» y veréis la enorme distancia que separa a ambas afirmaciones.

El mismo Víctor Hugo ha llamado también a la mujer «diablo perfeccionado»; Millón, «el hermoso defecto de la la creación»; Lessing, «la obra maestra del universo»; J. J. Rousseau «la más bella mitad del género humano» y nosotros por nuestra parte, creemos, que «la mujer es el mayor abismo de la tierra».

Cómo debe tratarse a la mujer, ya lo dijo uno de nuestros mejores clásicos. Timo de Molina.

Ámala, sirve y regala,

con celos no la des pena,

que no hay mujer que sea buena

si vé piensan que es mala.

Y para concluir, recordamos haber leído en una obra de don Ricardo Palma, titulada Tradiciones

Peruanas los siguientes mandamientos de !a mujer casada, que como los que Dios entregara a Moisés en la tonante cima, del Sinai, son diez.

El primero, amar a su marido sobre todas las cosas.

El segundo, no jurarle amor en vano.

El tercero, hacerle fiestas.

El cuarto, quererle más que a padre y madre.

El quinto, no atormentarle con celos y refunfuños.

El sexto, no traicionarlo.

El séptimo, no gastar la plata en perifollos.

El octavo, no fingir ataque de nervios, ni hacer mimos a los primos.

El noveno, no desear más prójimo que su marido y

El décimo, no codiciar el lujo ajeno.

Estos diez mandamientos se encierran en la cajita de los polvos de arroz y se leen cada día hasta aprenderlos de memoria.

El quid está en no quebrantar ninguno, como hacemos los cristianos con los del Decálogo.

A DEL CASTILLO.

DECRETO.— Hay escritores que proponen a los poderes públicos da todas las naciones, por el común derecho de defensa, que, establezcan un artículo en el Código internacional, que. diga.

Considerando a los anarquistas como miembros podridos de la sociedad, y debiendo ser considerados como perros rabiosos, decretamos:

Allí donde sea cogido infraganti un anarquista debe ser ejecutado; el que lo realice merecerá bien de la sociedad y será declarado benemérito universal.

LO QUE SE DICE.— Hemos oído que un niño de ocho años sin padre, conocido fue, recogido por un vecino de esta ciudad; que hace unos días lo llevaron a Granada al objeto de que ingresara en el Hospicio puesto que el padre adoptivo lo echó de su domicilio; que el niño volvió aquí a los pocos días y ha estado o está hospedado en caridad casa de D. Agustín de Vicente ilustrado profesor de instrucción pública, y por último, que la autoridad local ha intervenido en el negocio y preguntamos ¿qué hay de, cierto en esta rara historia?.

DESGRACIA.— El domingo último se hizo la fundición de una campana de la catedral, pero con tan mala suerte que el horno se rompió y se escapó el metal. Los fundidores tuvieron pérdidas de consideración y uno de ellos lloraba a lágrima viva, pero hemos oído que el cabildo abonará lo perdido, rasgo que enaltece en sumo grado a los señores canónigos que forman tan respetable asamblea, y dice mucho de su caridad.

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