DE TODO UN POCO.

UN PALACIO DE JUSTICIA.—LAS CARRETERAS DE GRANADA Y ALMERÍA NECESITAN REFORMARSE Y CONCLUIRSE, POR RECLAMARLO ASÍ LA SEGURIDAD INDIVIDUAL EL RÍO GUADIX INVADIRÁ LA CIUDAD Y SU VEGA, SINO SE PROCURA ENÉRGICO REMEDIO.—DEFENSAS QUE SON DE PRECISA NECESIDAD.

Se dirá que somos exigentes, pesados, repetidos, impertinentes, todo lo que se quiera; pero no podemos variar nuestra manera de ser: no nos es dado prescindir de hacernos eco de las múltiples necesidades que siente y tiene este país querido, y así es que no hemos de cejar un ápice en reclamar se haga cuanto le es preciso para el desarrollo de su vida, como pueblo culto.

Una de las últimas semanas, tuvimos ocasión de apreciar otra vez más lo preciso de la construcción de un Palacio de Justicia por la que venimos trabajando en nuestro semanario.

Celebráronse dos vistas en el Juzgado de 1ª  Instancia, y el Tribunal tuvo que constituirse en el salón de sesiones del Ayuntamiento, por carecer la casa particular del Juez de local adecuado ¡y cómo había de tenerlo cuando estos funcionarios celosos siempre del prestigio y explendor de la Justicia, hacen demasiado con proporcionarse habitación donde instalar en la medida que sus fuerzas alcanzan, un despacho-sala-audiencia lo más decoroso que pueden; ¡de aquí, que aquel haya de pedir prestado donde celebrar sus más frecuentes actos!

Y no sería cosa extraña lo del préstamo, que al fin se va a la casa del pueblo y nuestra Autoridad local la cede galantemente, si ella tuvíera proporciones indispensables, comodidades precisas; pero no es así: razón por la que el Juez, los letrados, los escribanos actuarios y los procuradores tienen común salón de descanso y local común donde ponerse y despojarse de sus profesionales trajes, lo que ni está bien visto, ni debe ser.

Nosotros somos partidarios en sumo grado de la igualdad; pero no en cosas ni en casos como

el presente en el que hay clases, y por ello diferencias entre las autoridades y funcionarios del orden judicial, y de guardarse ciertas formas exteriores, a todos dan prestigio, causan mayor respeto, y se dirigen también al mayor honor y brillo de la justicia.

Y si todo ello es cierto; si está altamente renombrado y vulnerables donde los hava, juzgados de 1ª Instancia se erijan palacios de justicia; si a tal fin han de contribuir los treinta y tres que Forman este judicial partido; si es hacedero; si la cultura de nuestra ciudad lo reclama; si en anteriores artículos hemos hecho palpable la necesidad, ¿por qué no ha de emprenderse con entusiasmo, la realización de tan precisa e indispensable obra? Al. Iltmo. Ayuntamiento corresponde la iniciativa, y está muy obligado a secundar las determinaciones y aun las mas ligeras insinuaciones de los gobiernos y los deseos de la opinión y del pueblo; estudie el asunto, y a la construcción sin vacilar.

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Durante los días que comprendió la última quincena de Febrero se desencadenó en esta zona furioso temporal de lluvias, que puso en grave apuro las vidas de los viajeros de Granada,

Guadix, Almería y viceversa, como se dice en los billetes que dan en las administraciones

de las DILIGENCIAS (¡¡¡!) que pasean sus caminos, y que justifican la adquisición de asientos y la solvencia del adquirente.

En esos días, hubo gran ansiedad entre las familias, amigos y deudos de los caminantes,

ansiedad que en algunos creció indefinidamente, merced a las alarmantes noticias que circularon referentes a desgracias personales, noticias que creemos no se han confirmado afortunadamente.

Lo cierto es, que los embravecidos ríos y crecidísimas ramblas que de trecho en trecho

cruzan la mal llamada carretera de Granada y la que se denomina de Almería con tan notoria impropiedad, salieron de madre y se vieron obligados los viajeros que transitaban en coches, carros y bestias, a sufrir todos los horrores de tan especial estación, todos los furores de la naturaleza, y todas las incomodidades a que estamos expuestos en este país tan dejado de la mano y alejado de la memoria de los gobiernos, esperando a campo raso que la aguas de aquellos aminorasen y se hiciesen vadeables, para decidirse a arrastrar el peligro de pasarlos a hombros de vadeadores con el agua al pecho, y que luego escoltan y llevan en peso, vehículos

y animales. ¡Qué triste es la condición de este pedazo de España! ¡Que desdichados los que nos vemos expuestos a peligros semejantes! ¿Por qué no ha de modificarse la carretera de Granada, desechando lugares de compromiso para el viajero y construyendo puentes que eviten la repetición de hechos como los pasados? ¿Por qué no ha de terminarse la de Almería, en, que tan poco (alta por hacer, ya que las obras de más importancia están terminadas? ¿Por qué razón, no se continúa la obra del puente que en ella se empezó en término de este pueblo? ¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¿Son insuperables las causas que a ello se oponen? No lo creemos, y por lo tanto, esas obras deben empezarse inmediatamente continuándose hasta lograr su terminación.

Todo ello es indispensable por reclamarlo la seguridad de las personas, y sobre esto llamamos nuevamente—pues ya lo hicimos en precedente ocasión—la atención del excelentísimo

señor Ministro de Fomento y del señor Director general de obras públicas ¿Será atendido este clamor que retrata la verdad desnuda de lo que acontece? Allá veremos; que los desengaños hacen germinar la desconfianza en todos los corazones.

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Como cuando llueve todos nos mojamos según reza un adagió vulgar y corriente, sucedió, que el rio que naciendo en los encantadores barrancos de Sierra Nevada, nos visita de paso con sus purísimas aguas, saluda a la ciudad, y le da unas veces plácido y cariñoso y otros artero ¡adiós! y se va a visitar también a la poética Sevilla y luego al mar, tomó gran caudal de ellas y causó desperfectos, si no precisamente de consideración, siempre sensibles.

En la alameda que de él protege a los paseos públicos, arrancó varios árboles, y arrastró algunos témpanos de tierra; más abajo hizo lo propio, y aun se introdujo en algunos terrenos de la vega y así, así, así, paulatinamente, teniendo en consideración.

Que las márgenes que corresponden a la izquierda aguas abajo, y que pertenecen a la ciudad y a particulares, no se reparan ni por aquella ni por estos en la proporción debida, esto es, con fuertes muros y no con defensas vegetales, como es de inmemorial costumbre.

Que el puente de la carretera de Murcia es factor que facilita la acción destructora de las aguas en su progresiva marcha hacia la Puerta de San Torcuato, barrio de Santa Ana, y parte baja de la vega, y Que si algo faltaba á tan alhagüeña esperanza, tenemos que las ramblas llamadas de

Fiñana, Baza y otras importantes, ayudan, con su caudal de aguas, al río en su faena destructora.

Es indudable llegará el día en que veremos invadido el pueblo; anegado lo más florido y apreciado de su vega,’ y convertidas en lecho del rio las más codiciadas de sus huertas.

De ello no debemos culpar a nadie más que a nuestra apatía, a nuestra dejadez, a encomendarlo todo al cuidado de la Providencia, como si no fuera inconcusa verdad aquello de «A Dios rogando y con él mazo dando.» Perfectamente que de ella esperemos mucho; pero esto no es causa para que nos crucemos de brazos ante un porvenir negro y aterrador.

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Son precisas, necesarias de toda necesidad, obras a las márgenes del rio y de las ramblas, que contrarresten y detengan la fuerza de las aguas; pero especialmente, del puente hacia arriba, y en la parte inferior, en los terrenos en que sitúa el paseo, que se ¡huno «La Glorieta,» y que actualmente no lo es, ni cosa a ello parecida.

A tal intento, debía el Municipio reunirse en unión de los hacendados, formar el expediente preciso, los presupuestos consiguientes, los repartimientos oportunos, y proceder de un acuerdo a encauzar ese rio que tantos perjuicios ha causado, y que tantas lágrimas ha hecho derramar.

Cada momento se acumulan más arenas; cada año se nota mayor elevación en el cauce, hasta el extremo de que en algunos parajes, está más alto que las márgenes y terrenos limítrofes: y con premisas tales ¿no es desconsolador pensar que el día menos esperado ha de producirse una catástrofe cierta? ¿qué  no solo los bienes, si que también las personas pueden ser víctimas de ella?

Todo puede y debe evitarse, poniendo en juego los propietarios interesados su actividad, sus talentos y sobre todo su bolsa, y el Municipio sus prestigios, su autoridad y las .atribuciones que le conceden las leyes.

 

“GARCI TORRES”

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